Apenas he conocido -y he conocido a bastantes- político español de relieve, ni empresario en alza, que no se sintiese tentado por viajar a América. Con causa justificada unas veces, con pretextos otras. América siempre -con las excepciones que sabemos- recibe a los españoles con los brazos abiertos y las críticas en los periódicos a la actuación de la clase política y empresarial española son, si quitamos el caso mal educado del venezolano Maduro, muy limitadas, sobre todo en comparación con lo que a veces publican y dicen los medios españoles. Oí una vez decir a Felipe González, en un momento de sinceridad, que viajar a América era para los políticos españoles lo que viajar a Europa era para el entonces presidente Gorbachov: un bálsamo curativo. La opinión sobre los mandatarios es habitualmente mejor en el extranjero que en el propio domicilio.
Me parece, en suma, que bien podría Sánchez haber aplazado su periplo americano hasta el año próximo, cuando tal vez sea presidente del Gobierno, y haber aprovechado la semana que pasará allende el charco para quedarse acá e intentar un ‘sprint’ final que proporcione salidas al tópico, pero desgraciadamente tan real, choque de trenes que nos viene. Los políticos están para solucionar nuestros problemas, no para crearlos, como ha hecho Mas con los catalanes y con todos nosotros, ni para eludirlos con el plasma o abrazando ‘in situ’ a mandatarios latinoamericanos, por muy importantes que sean para el presente y el futuro de España, que lo son. Y, cambiando de personaje, pero no de tema, ya me dirá usted, por cierto, qué pinta la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, abrazando en la Casa Rosada a la esperpéntica presidenta argentina, la afortunadamente saliente Cristina Kirchner.
Otra cosa es, claro, lo de Rajoy. La excepción que confirma la regla viajera. Debe de ser el presidente español que menos ha viajado a América, entre otras cosas por su indomable temor a los aviones, supongo. Y porque le gusta más quedarse en Pontevedra que andar como el baúl de la Piquer. Pero, mientras Sánchez completa su gira americana, el presidente del Gobierno acudirá a entrevistarse, junto con una delegación empresarial, con Angela Merkel. Que es el eje central de lo bueno y lo malo que pasa en Europa, esa Europa en la que se adivina cada día más la caída del Imperio Romano y la llegada, por el Este, por el Sur, de centenares de miles de gentes que huyen del hambre o de la opresión. Mucho más pertinente me hubiese parecido que, en lugar de hacer las américas, y ya que mitinear por Cataluña -que tendrá que hacerlo de todos modos- es duro y costoso, sobre todo cuando no se traen soluciones en el bolsillo, Sánchez se hubiese entrevistado con su correligionario el vicecanciller alemán Sigmar Gabriel, que tan acertado papel está jugando, a mi juicio, en la ‘crisis de los inmigrantes ilegales’. Pero, claro, a Sánchez no le gusta el alemán: prefiere al italiano Renzi o al francés Valls.Más en Columnistas
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home