Pedro Sánchez no puede mirar hacia otro lado en lo que se refiere a la brutal fiesta de Tordesillas, donde un compañero suyo, el alcalde, ha vuelto a permitir la tortura de un toro para disfrute de los bárbaros que participan en la fiesta que consiste en lancear el animal hasta que muere.
El líder socialista se ha comprometido a que en la próxima legislatura impulsará una ley contra el maltrato animal, pero eso no basta. Estamos aquí y ahora y resulta que un militante del PSOE, José Antonio González, es alcalde de Tordesillas y como Pilatos se lava las manos diciendo que mientras los vecinos quieran y sea legal él no s opondrá a esa fiesta salvaje. Habida cuenta, repito que el tal González pertenece al PSOE, Pedro Sánchez tiene el deber de dejar claro no solo que no esta de acuerdo con el maltrato animal ¡faltaría más! sino que tiene que dar un paso más y anunciar a sus alcaldes y concejales que avalan este tipo de espectáculos repugnantes que el que lo haga no tiene cabida en el PSOE. Puede que pierda unas cuantas alcaldías pero si el precio por tenerlas es cerrar los ojos o dar luz verde a esa orgía de crueldad como es la fiesta del toro de Tordesillas, entonces el gobernar no merece la pena.Muchos pensarán que con la que está cayendo a qué alzar la voz por la celebración de una fiesta popular como la que se celebra en Tordesillas desde hace siglos. La respuesta es muy simple: el grado de civilización de un pueblo también se mide por el trato que le da a los animales. En este capítulo España suspende rotundamente.
¿Dónde tienen el límite de humanidad? Creo que se lo debían de hacer mirar porque alguien que defiende un espectáculo como el del lanceo del Toro de Tordesillas, es evidente que tiene algún tipo de sicopatía. Torturar a un animal no es algo baladí, no es algo a lo que se pueda quitar importancia. Todo lo contrario.
Ya sé que Pedro Sánchez está en una doble campaña electoral, la catalana y la de las próximas generales, pero, insisto, además de decir que no le gusta el espectáculo de Tordesillas tiene que dar un paso más y es el de poner una raya: un socialista no puede avalar la tortura animal, y si eso implica dejar de ser alcalde pues que deje de serlo. Es una cuestión de ética. Y no todo no vale por un puñado de votos.Más en Columnistas
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