Es la exclamación continua cada vez que sale una encuesta. Los unos no se crean estas y los otros no se creen aquellas. Porque ya se sabe que una dicen una cosa y los otras casi totalmente la contraria. Alguna acertará, digo yo, pero en verdad, verdad, no se cual será de ellas. Así que el sinvivir de los políticos y el martirio de los candidatos pasa por sobresaltos continuos y a los alivios suceden las depresiones con velocidad de vértigo. Como remedio o paliativo el ¡no me lo creo! Es al menos un asidero.
Porque algunas cosas si parecen increibles pero eso no significa que no pueden convertirse en hechos y verdades dentro de siete días. El terremoto está ahí a la vuelta de la esquina, todos saben que va a temblar el suelo y lo que está por ver es la fuerza, si deja a algunos como solar en ruinas y hasta se abran simas que se traguen partidos y escaños a mansalva. Y que por contra afloren en el mar islas y montaña que ayer mismo no existían.
El corrimiento de tierra va a ser, esto si puede asegurarse, muy potente. Lo que a partir del 20-D suceda va a estar sometido a las más variadas hipótesis porque de la forma que sea, por acción o por omisión, los pactos van a ser necesario e imprescindibles. Lo saben todos los protagonistas pero en cierto modo están obligados a no enseñar todavía sus cartas. Para ello tendrán, todos, que contar primero y calcular luego.
Por ahora les queda esperar ansiosos lo que el pueblo decida. Cuando llegue el día D, podrá ya comprobarse si ese del ¡no me lo creo! Tenía razones para ser un incrédulo. Pero me barrunto y me malicio que habra alguno que abiertas las urnas y comprobado el trastazo seguirá por ahí diciendo: No puede ser, no es posible, no me lo creo. Pero habrá sucedido.
Más en Columnistas
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home