Resulta frustrante, lo reconozco, parece como si la política catalana hubiese entrado en una especie de agujero de gusano y se hubiese quedado anclada en discusiones más propias del Siglo XIX que del siglo XXI, asistimos día sí y día también a discusiones identitarias, la narrativa está repleta de superioridad moral e incluso de supremacismo, hay líderes del «prusés» que ya nos indican el camino de salida, quizás la estación de tren más cercana a la que hemos de acudir los que no estamos dispuestos a seguir adelante con la pesadilla nacionalista, se insiste en hablar de «los españoles» y los «catalanes» para hacer aún más profunda la sima entre los ciudadanos de Cataluña, la cosmovisión del separatismo ya es descaradamente (y artificialmente) etnicista, han creado una comunidad imaginada e ideológicamente «pura» y el resto nos debemos conformar con el silencio y el sumiso acatamiento, comportarnos como extranjeros en nuestra propia tierra.
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