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La Marea de Pérez Henares

Feliz y perruna Navidad para hombres y canes

Antonio Pérez Henares 25 Dic 2015 - 09:53 CET
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FELIZ Y PERRUNA NAVIDAD PARA HOMBRES Y CANES.

Anteayer noche aproveché un momento en 24 horas de TVE para mandar un mensaje que hoy, con mi felicitación navideña quiero reiterar aquí.
En estas fechas llegan a las casas decenas de miles de mascotas, más de cien mil y muchos de ellos son cachorros de perro. Me parece muy bien. No hay ni amigo más leal ni compañero más fiel que estos hijos del lobo que vininieron a los fuegos de los hombres hace más de 20.000 años. Con ellos hemos atravesado la glaciación y la vida nos ha sido mas leve. Y si miran en las aceras de las ciudades verán quienes son la única compañia y el calor de los humanos a quienes los otros humanos desamparan.

Pero quiero decir tambien que llevar un perro a casa significa convivir con un ser vivo que depende de nosotros, que debemos cuidar, que no es una persona ni debe ser tratada como tal, pero es un ser vivo que siente y padece, que se alegra o sufre, que nos quiere y necesita nuestro afecto. Que caga y que mea, que come, bebe, juega y tiene sus «cosas», cada uno las suyas y según caracter. Y que nosotros desde que lo acogemos somos responsables de el.
Y la tragedia es que dentro de unos meses muchos de esos cachorrillos, recibidos ahora con alborozo, serán abandonados, acabarán de la peor manera en carreteras o despoblados, incapaces de comprender como les han dejado solosy morirán atropellados o de hambre. Sucede cada año y debe evitarse ahora que es cuando debe pensarse, antes de que luego se prescinda del animal como de un estorbo, como de algo que usado se tira a la basura. Pienselo ahora, pero no les voy a quitar la idea porque no la habrán tenido mejor, siempre que sepan lo que conllevan. y un consejo más: adopten mejor. Hay muchos abandonados y no habrá quien se lo agradezca más.

Me crié con un mastín y los perros han formado y forman parte de mi vida. Uno de mis mejores libros se lo debo a ellos, en concreto a mi buen Lord , «El diario del perro Lord». Les dejo aqui un trozo de él, precisamente el que mi perro, pues es Lord el relator, recuerda como llegó a mi. Ni Lord ya está conmigo ni tampoco mi amigo Manu leguineche, el inductor. Pero es hermoso su recuerdo y es bueno sentir en la memoria a quienes hemos y nos han querido. FELIZ NAVIDAD.

YO NACI EN UN BAR.

» Yo nací en el bar y llevaba a mi madre empezada, de tanto que le mamábamos mis hermanos y sobre todo yo, cuando el Chani vino a por mí. Para entonces ya me habían cortado el rabo, pero no me dejaron colín sino que mantuve un trozo para que pueda moverlo a gusto. Lo hacen para que no nos enganchemos tanto en broza y zarzas. Otros dicen que es malo. No sé. Yo desde pequeñito he tenido que conformarme con un cacho. Me ha valido para levantarlo en señal de poderío o para salir con él entre las piernas cuando menester ha sido.

Lo de ir a parar al Chani tuvo que ver con su amigo vasco Manu Leguineche, el gran escritor y periodista, que se ha asilado a su Alcarria natal. Vivió primero en La Mata (El Cañizar) y ahora lo hace en Brihuega. Mi amo lo quiere y admira. Dice que es su maestro en periodismo y en buena persona. Manu y el ganaron una partida al mus y de resultas tenían derecho a dos perros de la camada de Morales el de Luzaga. Y cuando parió la perra , Manu, que estaba en una de sus guerras, por Belgrado la primera que iba a bombardear la OTAN, no se sabe como se enteró pero lo llamó por teléfono desde Yugoslavia que se llamaba entonces y le dijo:

.- Ha parido la perra del Morales. Vete por el bar, elige uno y apártame el “guarin” a mi antes de que nos los levanten.

Mi amo apareció con su mujer, Mari, una señora muy alta y de muy buen ver, que en el bar Los Morales siempre pedía una caña y una ración de oreja a la plancha, que Enrique la hacía divinamente. Al Chani le va más el vino para acompañar la oreja que también le gustaba mucho.

El Morales había sacado ya algunos de mis hermanos la camada y los había vuelto a meter y en una me cogió a mi y me puso en la barra del bar, para que me vieran las trazas aunque yo no paraba de resbalarme y caerme de culo, que sólo tenía tres semanas y las patas muy blandas. No había manera de dar un paso en aquel piso por el que se te escurrían todas las patas a la vez. Pero el Chani en cuanto me echó la vista encima lo tuvo muy claro. No quiso ya que el Morales sacara a ningún otro de mis hermanos.

.-Quiero a este blanco mostrenquete.

Y me llevaron para su casa. Entonces vivían ellos en un apartamento. El pacto era que dormiría fuera de la habitación donde estaba la cama pero eso ya se incumplió la primera noche. Me había preparado una caja de donde no pudiera salirme , habían puesto ropa blandita y estaba aquello calentito pues la habían pegado a un radiador . Hasta un artilugio que les habían dicho que me calmaría y que hací tic-tac, tic-tac habían puesto . Pero iban listos si pensaban que yo me iba a quedar allí. Echaba de menos a mi madre y a mi hermanos, estaba solo, tenía miedo y sólo podía hacer una cosa: gemir y gemir, llorar y llorar. Y arañar la caja de cartón.

El Chani aguantó como una hora y luego ya no pudo más. Me cogió y me llevó con él a la cama. Me colocó encima de su barriga y aquello ya me pareció otra cosa. Allí se oía de verdad el latido de un corazón como el de mi madre y pudimos dormir los tres. Maria, mi ama, el Chani y yo.

Pero lo que yo creí conquista consolidada no lo era. A la noche siguiente, sin caja-prisión, eso si, volví al suelo y a un cojín. Lloré , claro, pero ya con menos entusiasmo y en algún momento como en realidad ya no tenía miedo y estaba cansado de todo el día de trastear por el apartamento y con la tripa llena de leche, que no había faltado en un plato que ponían en la pequeña cocina, pues me dormí.

Pero yo ya tenía cogida la gusa de la cama. Asi que una noche tras otra lo intentaba. Pero era alta y no podía subir. Por el lado del Chani ya ví que no había apoyo y si firmeza en la negativa. De ahí ayuda no podía esperar. Así que me iba por el lado de ella y allí gemía un poquillo y hacía como que quería subir. Hice un par de intentonas inútiles pero insistiendo al final lo conseguí. Cuando el Chani ya estaba traspuesto la Mari me empujó del culete y,¡ala! arriba. Pero tapado de su vista y de extranjis. Así que tenía que estarme quieto, quieto. Eso es lo que me decía el ama.

Pero yo me fui recorriendo y a la mañana aparecí donde quería. Panza arriba y entre los dos. Hubo un momento de tensión al ser descubierto, pero al Chani le dio por reírse de la escena y ya supe que el territorio había sido conquistado definitivamente. Eso sí, hubo acuerdo en que tendría que dormir en los pies. Lo acepté en apariencia y esperé mi oportunidad . El Chani parecía duro pero yo sabía que era pura pose y que a nada acabaría por tragar.

Lo que pasaba es que quería hacerse el firme con Mari, pero un día que nos quedamos solos se rindió. Y cuando Mari volvió un poco de sorpresa nos pilló los dos , tumbados en la cama y comiéndonos un pollo mientras veíamos la tele. Bueno de la tele yo solo oigo voces y ruidos, pero el pollo nos lo tripeamos a medias y a mano. El arrancaba una tira para él y adentro y luego otra para mi y al buche. Cuando ella descubrió la escena ya no hubo reproches. La cama había sido conquistada.

Pero es que yo también he sido desde siempre muy limpio. Desde cachorrejo, casi desde el primer día de estar allí, ya aprendí dos cosas del apartamento. Donde tenia que hacer mis cosas: en unos papeles en la terraza y también a pedir que me abrieran cuando tenía ganas y donde ponían un platillo de leche por la noche. Allí me iba yo, bamboleándome, que entonces tenía las patas casi peor que ahora y me tropezaba con todo, y a lametones me ponía tibio. Lo malo es que después de la descubierta si no me ayudaban ya no volvía a sumir a la cama, tan mullida y tenía que dormir en mi cojín.

Así anduve hasta que fui teniendo ya patas o mejor dicho aprendí a manejarlas. Cuando tuve un par de mesecillos descubrí que tomando carrerilla y un poco en oblicuo podía saltar mejor y tras algunos intentos fallidos me hice con la técnica y entrando desde el salón en un ¡zas! estuve arriba por mis propios medios. Entonces yo era un chavalillo espigado y no me pesaba nada el culo».

PD. «El diario del perro Lord» está agotado pero puede encontrarse algun ejemplar a traves de Amazon, ayer quedaba alguno, o por iberlibro.com.

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