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Santiago López Castillo

Mamarrachos

13 Feb 2016 - 08:04 CET
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España es el único país en que se detestan los símbolos. Se demoniza el águila de Franco, cuando es la rapaz de San Juan, llamándole anticonstitucional y figura en todos los lomos de la Carta Magna derogándose un par de años después de 1978, siendo el diputado socialista Luís Solana el principal entusiasta del escudo que hoy tenemos. La bandera roja y gualda es denostada, ultrajada, quemada en voraces llamas y sustituida por la republicana en consonancia con ese frentepopulismo que nos invade (Cela, en su papel de senador constituyente, quiso que se la definiera en el texto «roja, amarilla y roja» decayendo su enmienda). Y qué no decir del himno, que es la Marcha Real, abucheado, silbado e insultado en cualquier manifestación pública, sobre todo deportiva, dándose cuenta la fiscalía, con un año de retraso, de que en la final de Copa FC Barcelona-Ath. Bilbao se abroncó por los altavoces y, de paso, al Jefe del Estado quien puso cara de póquer al vergonzoso espectáculo de determinados vascos y catalanes. Igualito que en EE.UU. donde las primeras notas del himno son acogidas en posición de firmes y con la mano en el corazón, y si no que se lo digan a Zapatero en su ruin desprecio a la bandera norteamericana.

Y como todo el campo es orégano, orgasmo también se lleva mucho, pues héteme aquí que se derriban bustos y retratos del anterior jefe del Estado y del actual emérito, rótulos de calles por un callejero vengativo e inculto a cargo de estos mamarrachos anarquizantes, marxistas-leninistas, que nos han llegado como un azote bíblico y que parte de la ciudadanía acoge con resignación.
La cosa -y no vamos a sacar aquí todo un inventario que nos ocuparía cientos de páginas-, la cosa comenzó por el fútbol en los estertores del franquismo con aquel portero de la selección apodado «El chopo», que tenía alergia a los colores de España en las medias, y Arconada, otro que tal baila o bailaba, y ETA fotografiándose con la selección nacional en El Saler durante el mundial del 82. Rememoro estos pasajes cuando el otro día vi el atuendo de nuestros jugadores de fútbol-sala con camisetas que por no llevar los colores de España daban la impresión haber sido centrifugados en una máquina psicodélica y que cada cual del público pensara lo que le saliera de los cojones.

De ahí que, en sentido contrario, o sea, lo que es normal en cualquier país del mundo, la prensa nacional, la nuestra, destaque hasta con relieves tipográficos que un motorista, tenista o patinador se envuelva en la bandera roja y gualda. De ahí que los hermanos Gasols, catalanes pero sobre todo españoles, luchen por dejar el pabellón hispano donde se merece. Y eso tiene mérito porque aquí, a la mínima, te llaman facha. Decía Baudelaire en «El esplín de París» que el más irreparable de los vicios es el de hacer mal por necedad. Y por necedad están comportándose estos zascandiles de los podemos y sin podemos, y sin principios, con coletas, sin coletas, en trajes de baño y en despelotes y dando de mamar. Mamones.

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