Todo esto, lo que está pasando, va dando la sensación de una broma de mal gusto. Hubo un tiempo en el que los actores de la política en España actuaban de forma diferente, de otra forma…; incuso podemos decir, por aquello de que las comparaciones son odiosas, que no eran ni mejores ni peores, eran como correspondía en cada momento.
Ha habido momentos de respeto y de brillantez parlamentaria, y los ha habido también de tensiones y tosquedad; sin embargo, en términos generales, debemos observar la evolución hacia el respeto y al dejarse empapar por la experiencia de los más curtidos en el arte de dialogar y distender, que es al fin el oficio de la política.
Ha llegado una nueva generación de políticos jóvenes, inexpertos, desmañados; quienes, en muchos casos, sazonados de su ignorancia y zafiedad hacen irrespirable el aire de la política. Vienen con la indiscreción de la juventud y la impertinencia del mal aprendiz. Todo es fácil para ellos, todo está mal hecho, todo lo resolverán en un abrir y cerrar de ojos… La vieja política, como la han dado en llamar ellos, es algo que huele a naftalina y a la que hay que jubilar por hipertrofia intelectual y muscular. ¡Qué cosas! ¡Vivir para ver!
Testigos y cronistas de cuanto pasa: la Prensa. Para ellos, los periodistas se han reconvertido en testigos incómodos y comentaristas, como no, con una visión desnaturalizada de la realidad, a los que urge poner freno radicalmente por corruptores de la sociedad. La cicuta está servida… ¡Ay, si Sócrates levantara la cabeza!
Bien es cierto que, en el periodismo, como en todos los sitios y profesiones, hay gente buena y mala. Cómo no. También entre los notarios, carpinteros filatélicos o curas… ¡Qué sé yo!
Miren Uds., señores jóvenes políticos de turno. Gracias a la vieja política y al periodismo libre, Uds. han podido nacer en una sociedad a la que le ha costado sangre sudor y lágrimas avanzar en las libertades, la información actual y el bienestar. Y gracias a la prensa y la libertad de expresión bien entendida se ha conseguido conocer los entresijos del Estado, las cloacas y la podredumbre política donde la hubiere.
Que aún hay mucho por hacer, ciertísimo; pero lo que es intolerable es que se pretenda amordazar la verdad, por muy incómoda e inoportuna que resulte para sus intereses.
Dicen Uds. que la prensa tiene miedo. Veamos, algo que aprenderán también, es que las amenazas, como las que Uds. profieren tácita y explícitamente, siempre vienen de la parte del que tiene miedo, nunca del que afronta la verdad. Porque cuando los políticos pretenden hacer de su gobernanza un pensamiento único con el respaldo del dinero y el palo, sólo el periodismo es capaz y tiene el coraje suficiente para hacer llegar legítimamente a los ciudadanos la realidad que nos acecha, y ante la cual han de reflexionar para cuando llegue la hora de depositar su voto. De forma que se están quedando Uds. en cuarto y mitad de político.
Saben bien sus señorías que delante una cámara o un micrófono se sienten como sobre una especie de retablo desde el que su oratoria y su aura, por mediocres que sean, siempre llega a algunos oídos necesitados de esperanza. Y eso es lo que Uds. no saben ponderar, porque la traducción de todo eso, la forma digerible, inteligible y real de sus palabras e intenciones es la que lleva a cabo la prensa para que el ciudadano permanezca informado con claridad y transparencia. Lo demás es censura, propia del fascismo y la represión.
No tienen ninguna gracia ni sus fotos con bebes parlamentarios, ni los besos con que se funden sus señorías, ni si sus despachos los convierten en mancebías, ni sus ademanes amenazadores con el brazo levantado tras intervenciones parlamentarias que celebran como una atracción circense… Todo esto resérvenlo Uds. para su intimidad, porque a los demás no nos importa más que su capacidad de gestión, si la tuvieren.
Quien no admite preguntas más que dependiendo de su estado de ánimo y después pide que se le cubran los paseos con los compañeros políticos de turno que les convenga, no es apto para llevar a cabo ninguna labor pública. Quien está para todo eso, debe soportar todo lo que se le venga encima, porque significará que ha perdido la dignidad y la autoridad como representante de la ciudadanía.
Uds. creen que ser elegido para dirigir un país es como ser elegido representante de curso en el instituto o en la universidad… ¿Con ese bagaje quieren gobernar España?
No sé si a Uds. no le han explicado ya que los perros no se atan con longaniza, ni que la leche sale de los botijos, ni que de los árboles penden jamones, ni que las casas se hacen ya de chocolate…
Uds. deben de creerse que esto no es más que llegar y besar el santo, o que es cosa de chascar los dedos; que la economía de un país se hace de pronto floreciente con regadera, que los puestos de trabajo los crean las ONG’s, que la docencia se enriquece impartiendo sólo una disciplina de pensamiento único…
Por favor, tómense la política en serio, hagan política de altura, de conciliación; dejen de lamentarse por la sociedad privilegiada a la que han venido a mesa puesta; aprendan, tomen nota, reflexionen, comprendan lo que hasta ahora se ha hecho y se está haciendo, no maldigan la base de lo que poseen para seguir construyendo y reconstruyendo…
«Non ridere, non lugere, neque detestari, sed intelligere» decía Spinoza. Lo demás es frivolidad, para la que no es ni momento ni estamos en condiciones. En política siempre se paga la vanidad.
Quien tenga oídos para oír, que oiga.
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