El fútbol es emoción y si juega España angustia. La remontada de Malta, la final de Viena, el gol de Iniesta y ahora llega la Eurocopa de Francia con el gol de Piqué cercano el minuto noventa.
Es imposible ver a España y dormir relajadamente. O hay que salir a las once escopetao a bañarse en las fuentes o te quitan la siesta y están a punto de provocarte un corte de digestión.
Para disputar esta Eurocopa de Francia la selección se ha instalado en la Isla atlántica de Re, un sitio idílico que fue prisión y confinamiento, donde hay huellas de las guerras españolas e inglesas contra los franceses y hoy mandan las bicicletas.
Hasta este año Francia era el paraíso terrenal. Sólo le faltaba el fútbol. Ahora, con un pais conmocionado por el infierno terrorista, las mayores inundaciones en casi un siglo y las movilizaciones por la reforma laboral le vendrá bien esta «hierba del pueblo».
Francia es un pais admirable por muchas cosas, lleno de rincones maravillosos. Un país cuidado, quizás el más cuidado. Una fuente de ingresos interminable. Recorrerla es hallarse en perpetua ocasión de maravillarse. Y si no, está el Tour de Francia que es la mejor manera que para enseñar un pais haya inventado nadie.
Unos dicen que lo de ayer fue futbolín, lo mismo en la Eurocopa que en el debate. Otros le dicen Tiki-Taka y unos son más del Tiki y otros del Taka. Por lo visto hasta ahora lo que en otros es velocidad aquí son largos rondos, el intento de un pase sorpresa y lo que tarde en llegar el gol.
Casi noventa minutos. Hasta que centró Iniesta y remató Piqué. Aun con la angustia, en la Eurocopa los aficionados deseamos que que dure lo más posible. En la política estamos en tiempo de descuento y el personal está exhausto, deseando que acabe este suplicio, sin que sepamos aún quienes se asociarán tras las elecciones para meter un pase de profundidad en condiciones que pueda rematar el pueblo español.
A la Selección de fútbol de España, quizás por no citar su nombre algunos decidieron llamarla por el color de la camiseta, la roja, justamente el nombre que los franceses no saben pronunciar.
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