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Santiago López Castillo

Sánchez o el espíritu de la contradicción

Santiago López Castillo 17 Jul 2016 - 20:42 CET
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Le habré dedicado en estas páginas, desde que lo nombraron capitán con mando en plaza, no menos de una treintena de columnas, que ya producían hipo al lector. Desde ególatra, narciso, soberbio, zapaterista cum laude…, le dije de todo menos bonito; bueno, sí, empleado de la planta de caballeros de El Corte Inglés, que tiene un toque de distinción. Además de ser un faltón de tomo y lomo, no respeta las canas, ni al adversario, por supuesto, e incluso me metí, con gran osadía, a psicólogo tratando -arte ímprobo- de analizar algún desviacionismo sexual de tanta animadversión contra Mariano Rajoy. Tiene una mujer bellísima, actúa a lo Obama, aunque su sacrosanta esposa, según dicen, paga sueldos misérrimos a sus empleados en una empresa de esas que colocan más que colocan, y no me pregunten sin con algún aditivo o sin él.

El muchacho no se apea del burro. Dicen que este encuentro en la segunda fase con el presidente en funciones fue menos tenso que los anteriores. Pero le da repelús oír el nombre del PP. Es como los nacionalistas que ni con perborato pronuncian la palabra España, no sea que se envenenen, y en su lugar dicen Estado español, que es expresión que acuñó Franco en el 39. Pedro Sánchez es el espíritu de la contradicción. El apóstol Pedro negó por tres veces a Jesús, pero como Mariano no va para ninguna santificación pues este ser vanidoso, arrogante y huero le desprecia todas las veces que le da la gana, que son todas, aplicando su agudeza mental y zapateril: «no es no y no». Bravo.

Pese a cosechar sucesivamente las más fuertes derrotas en unas elecciones, de su lenguaraz boca no ha salido ni la más mínima mea culpa y por un descalabro menor dimitió Almunia. Y culpa a Rajoy de todos los males sin reconocimiento de bien alguno. Como podría ser la recuperación económica que ha gozado del beneplácito de los organismos internacionales. Dice este iluminado ser que el PP se las apañe con los satélites independentistas habida cuenta de que él, Sánchez, apoya al secesionista PSC. O sea, la ruptura de España.

Y para concluir, amable compañero: eres un desmemoriado y desagradecido y por siempre sectario. El PP apoyó, a cambio de nada, el nombramiento de Patxi López como lehendakari en 2009; un don nadie, sin oficio ni beneficio, que hizo el ridículo después cuando el Partido Popular le aupó a presidente del Congreso, menos mal que en la legislatura más breve de la historia. Pedro Sánchez va camino de desaparecer. No descarta, su ego es infinito, llegar a la Moncloa. Y es que lo sueños, sueños son. Ojalá Sánchez se metiera a Calderón. Claro que la osadía no tiene límites.

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