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EURICO CAMPANO

Rajoy pretende ser elegido por aclamación

18 Ago 2016 - 01:26 CET
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La desconcertante rueda de prensa de Mariano Rajoy tras la reunión de su Comité Ejecutivo Nacional nos devuelve, de forma exasperante, a la casilla de salida. Si el cambio de actitud de Ciudadanos ofreciendo virar de la abstención al sí -a cambio de la aceptación de seis simples e higienizantes condiciones- habia abierto una ventana de esperanza para desbloquear el actual cerrojo político que sufre España desde el 20 de diciembre de 2015, los españoles han vuelto a estrellarse con la cruda realidad de por donde sopla el viento mariano.

Y la realidad es que Rajoy, al igual que Sánchez, insiste en abjurar de unas terceras elecciones pero no hace nada por evitarlas. Demoró una semana la convocatoria de su Comité Ejecutivo para aceptar – o no- las condiciones de Ciudadanos. Ahora afrma, con su habitual e impostada pomposidad, que el objeto de la reunión no era más que facultarle a negociar con la formación de Rivera, ¡sin entrar siquiera en la discusión de las medidas de regeneración repuestas por el líder naranja!… porque en realidad le importan una higa, le ha fatado añadir.Y a insistir en que sin un cambio de posición del PSOE de Sánchez, se ira a una nueva convocatoria. ¿Presionar al lider del PSOE como único objeto de toda esta tramoya? Puede. Pero no solo eso. Mientras tanto la irritación no deja de crecer en todos cuantos no profesan el estricto credo mariano; o se muere padre o terceras elecciones. Pero una cosa o la otra… a menos que el viejo zorro pontevedrés tenga preparada ya otra salida bien distinta.

Tengo para mí que el presidente en funciones ni siquiera ansía ya ganarle días o semanas al calendario, siguiendo esa vía de análisis de una gran mayoría de comentaristas políticos instalados en el absurdo tópico de que el gallego maneja los tiempos como nadie. No. Rajoy pretende ser elegido por aclamación. Sin más. Esa y no otra ha sido siempre su única estrategia. Ser aclamado por el mero hecho de haber encabezado la lista más votada y sin moverse un ápice de sus posiciones ni bajar al barro de una mínima negociación con quienes representan a más de 13 millones de españoles frente a los ocho que respaldaron en las urnas su programa. Y como soy de los que creo que una nueva convoctoria no necesariamente beneficiaría al PP -aléjense a toda velocidad de quienes les digan que las terceras elecciones llevarian en volandas a este partido a la mayoría absoluta porue no saben en qué país viven- barrunto una opción algo más sofisticada.

¿Terceras elecciones o solución extraconstitucional?

Se ha vuelto a hablar -y mucho- en estas jornadas en ciertos salones de una opción que en enero ya causó un notable revuelo -se llegó a preparar un informe del Consejo de Estado en tal sentido-. La posibilidad de disolver las cámaras y convocar elecciones sin someterse al preceptivo Debate de Investidura. Algo que la Constitución no contempla. Hemos escuchado a destacados miembros del Gobierno, con la vicepresidenta al frente, solemnizar que por encima de las disquisiciones jurídicas -aburrida materia para consumo únicamente de leguleyos, pensará Rajoy- está el interés político. ¿En eso estamos?… ¿en eso están?. Una suerte de ‘solución extraconstitucional’ -una salida ‘aconstitucional’ para otros-. Sería un segundo ‘chuleo’ de Rajoy a todos los epañoles en general y al jefe del Estado, en particular. El primero fue darse ‘mus’ y renunciar a su obligación, tras el 20 de diciembre, de someterse a un Debate de Investidura, previo intento de concitar los apoyos parlamentarios suficientes para ser investido.

Es sabido que con la Constitución en la mano es imposible disolver las cámaras e ir a unos nuevos comicios sin pasar por ese trámite. Ahora tenemos por cierto del todo -ya lo sabíamos en realidad- que Mariano Rajoy estaba en ello; al menos desde enero. Pero vamos conociendo más detalles sobre el asunto; tales como que en una de las últimas convesaciónes entre el Rey y el jefe del Ejecutivo en funciones se habló de articular una posible reforma ‘exprés’ de la Carta Magna para revestir este apaño con un formato de legalidad del que ahora carece. Queda corroborada nuestra vieja certeza de que en esto, como en otros aspectos de la vida española en los últimos cuatro años, el grupito de abogados del Estado que rodean a la vicepresidenta trabaja para bucar respaldo legal a lo que convenga al poder Sorayo-marianista en vez de hacerlo al revés; optar por vías que sí sean posibles sin necesidad de retorcer código legislativo alguno. Todo esto si el objetivo fuera volver a conducir, por tercera vez en un año, a los españoles a las urnas. Pero como los que saben de esto, insisto, no tienen claro que esa opcion le dé al PP muchos más escaños de los que tiene, hay quien atisba vías más… arriesgadas.

… ‘De Rajoy, por supuesto’…

Una solución a lo Monti, como en Italia en las postrimerías del pasado 2011, podria estar tomando cuerpo, ante las propias narices de los españoles, distraídos en este ‘ferragosto’, con el matiz de que, en este caso, no se trataría de hacer presidente a un independiente de prestigio sino al propio Mariano Rajoy. Ya en los últimos meses de 1980, determinados servicios del Estado de la época fabricaron un plan que consistía en crear, de forma artificial, un SAM ( Supuesto Anticonstitucional Máximo ) que jutificara un ‘golpe de timón’ y la creación de un gobierno de salvación nacional cuya presidencia en aquellos convulsos meses estaba reservada… ‘a una autoridad militar, por supuesto’, tal y como dejó dicho desde la tribuna del Congreso aquel capitan de la Guardia Civil. La España de hoy no resiste apenas coparación con aquella pero… ¿será suficiente como excusa el ‘bloqueo’ en el que se empecina Pedro Sánchez (‘No es no’) para que quien puede hacerlo decida tirar por la calle de enmedio y forzar una eleción por aclamación… ‘del Mariano Rajoy, por supuesto’?

Atentos a la pantalla pues aunque no tengo claro del todo que el Sistema, los poderes económicos -preocupados porque la actual situación se cargue literalmente el balance del Estado- y una no desdeñable mayoría de españoles, más que el mero cuerpo electoral popular, no fueran a respirar aliviados.

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