Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

La Marea de Pérez Henares

Pioz y la Guardia Civil

Antonio Pérez Henares 21 Oct 2016 - 22:19 CET
Archivado en:

Un mes después del descubrimiento del atroz crimen de Pioz, que había tenido lugar casi un mes antes, el presunto asesino ya esta en la cárcel y a disposición de la justicia española. El descubrimiento de los cuatro cadáveres de la joven familia brasileña nos conmocionó a todos por la brutalidad y frialdad de su ejecución y el cuidado puesto por su autor en salir impune. Los cadáveres del matrimonio, descuartizados, y de sus dos hijos de corta edad, el más pequeño un bebé, aparecieron embolsados y el chalet limpiado a conciencia para intentar eliminar cualquier rastro.

Aquellas primeras noticias hicieron suponer, mas que nadie a los medios de comunicación, todo hay que decirlo, que se trataba de un asesinato de encargo, ejecutado por sicarios y relacionado con algo del pasado de las víctimas. Fue en efecto una línea de investigación, pero en absoluto la única, y que además no tardo en comprobarse que no era la buena, dado que la joven pareja, tanto en su país de origen, Brasil, como en los años de residencia en España, se había caracterizado por una plena normalidad, alejada de todo lo que tuviera que ver con mafias o asuntos turbios. El, un hombre trabajador, que había sufrido las vicisitudes de la crisis y que pugnaba por abrirse camino y futuro. Ella una hermosa mujer atenta en el cuidado de sus hijos. La idea, pues, de un ajuste de cuentas y unos profesionales del asesinato que habían llegado y partido con esa exclusiva “misión” se diluyo casi en la primera semana.

La Guardia Civil, desde prácticamente los primeros días, ya estaba tras otra posibilidad y trabajaba con rigor científico y discreción total. No quedo en el chalet un centímetro sin revisar y se puso la más especial atención en las bolsas de plástico, presumiblemente abandonadas por el asesino, tras una tarde y una noche dentro de la vivienda intentando borrar su rastro, quizás al asustarse por algún imprevisto.

Y fue en esa minuciosa tarea, de rastreo, análisis y laboratorio unida a las investigaciones en el entorno familiar donde comenzaron a aparecer las pruebas y las claves. Las sospechas crecientes sobre el sobrino obsesionado por la mujer, agresivo, con antecedentes violentos, huido de España inmediatamente después de descubrirse dieron lugar a las certezas cuando apareció su ADN en la cinta con la que cerraron las bolsas al igual que en algunos otros lugares de la escena. Pero no fueron las únicas pruebas. También lo han sido el lograr ubicarlo a través de su propio teléfono móvil en el lugar y el día del crimen y conseguido establecer su ruta de ida y vuelta a través de los billetes del autobús utilizados.

Fue ya con esas pruebas concluyentes cuando la Guardia Civil, hasta entonces en silencio, dio la noticia. Que no podía ser la de la detención pues el investigado había escapado y Brasil no tiene convenio de extradición en España. Es más, de inicio la policía y justicia brasileña no parecía en exceso cooperadora. Pero solo fue hasta que las autoridades policiales españolas hicieron llegar la contundente carga de pruebas. Al comprobar el sospechoso que su ingreso en prisión en su propio país era inminente fue cuando, aconsejado por su familia, pudiente y con abundantes contactos en su país, decidió que era mejor entregarse a España y afrontar aquí un juicio y hasta una probable cárcel que hacerlo en su país de origen. Que esa y no otra ha sido la razón de su regreso. Pero hasta llegar a ese punto hubo que lidiar seriamente por parte de las autoridades españolas que en ello tienen experiencia y casos que también han afectado a nuestra región, como el de Morate en Cuenca, cuando asesino a su ex novia y a una amiga y huyo a Rumania, país con quien tampoco existe convenio.

Ahora queda todo en manos de la justicia, pero quizás sea el momento de reflexionar sobre la labor de nuestra Guardia Civil que en este caso o en aquel otro del cazador asesinado en Belvis de la Jara (Toledo) y donde solo tras muchos y largos meses de trabajo y empeño lograron las pruebas y con ella la captura de los culpables. Vemos a la Guardia Civil en otras muchas facetas, en la de la vigilancia de un extensísimo territorio, donde a veces les es imposible llegar a tiempo a todos lados (el problema de los asaltos a pequeños pueblos muy despoblados o de los robos agrarios son algunos de sus principales problemas), en la prevención, en las carreteras, en nuestro devenir cotidiano en cuanto salimos de las capitales. Pero esta faceta de de esos equipos altamente cualificados, que trabajan con precisión, rigor científico y medios tecnológicos es quizás algo que no sabía el gran publico y que demuestran la preparación de esa Institución hoy a la cabeza de las más valoradas y apreciadas. Aunque, cuando toque, nos casquen una multa.

Enhorabuena y gracias a la Guardia Civil y ya, de paso, pero muy al pelo, nuestro afecto y solidaridad con esos dos miembros del Cuerpo y sus mujeres brutalmente agredidos en Alsasua por una turba de cobardes filoetarras con el odio metido en las entrañas. Que sepan los que visten ese uniforme que los respetamos y los apreciamos en lo que valen. Y como en el crimen de Pioz han demostrado, valen mucho.

PD. El asesino, pues ya lo es confeso, ha reconocido sus crímenes en sus declaraciones. En lo policial esto pone punto final. Ahora les toca a los tribunales. En Tribuna de Guadalajara hemos seguido con atención, y hasta con primicias como cuando se dio todo el vuelco a la investigación, el caso. El domingo tendrán exhaustiva información de la conclusión del caso.

Más en Columnistas

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

CONTRIBUYE

Mobile Version Powered by