Cuando llegó a la recepción del Hotel Barón, donde se alojaban a principios de siglo los aventureros que llegaban en el Orient Express, Lawrence de Arabia, Agatha Cristhie o el propio Ataturk, lo primero que vió fue las pequeñas katiuskas rojas de Nada cuarteadas y llenas de polvo y unos ojos mirones debajo de un pelo gris cascote en brazos de su abuelo.
La guerra habia empezado cinco años antes, durante las primaveras árabes, con un graffiti en una pared: «El siguiente usted, doctor», refiriéndose a Bashar el Assad, que es oftalmólogo.
Como habían triunfado en Túnez, frente a Burguiba; Egipto, encarcelando a Murshi y a los Hermanos Musulmanes; y Libia, asesinando brutalmente a Gadafi, aunque extendidas también por Yemen, Bahrein, Quatar, Arabia saudita, los Emiratos árabes unidos… incluso la comunidad internacional pensó que seria cosa de semanas.
Al Hassad temió por su vida y castigó ejemplarmente aquella amenaza grafittera, liquidando al menos a los primeros mil que encontró, prendiéndose desde entonces la mecha por unos y otros aquí y alli de modo que nadie sabe cuando empezó la guerra civil, y ni siquiera si es civil, porque la geoestrategia y la historia concentran siempre en esa zona del mundo a un montón de actores.
Pero aparecieron los yihadistas del Frente al Nusra, filial de Al quaeda en Siria y más tarde el ISIS, o EI, con una ofensiva en Irak y luego en la frontera con Siria. Proclamaron un califato en la zona que cotrolan entre Irak y Siria, con capital en Raqqa, donde luchan contra todos. Apelando a la lucha frente al ISIS, Al Hassad obtiene la colaboración de Moscú, mientras Occidente apoya a los rebeldes, con un ojo puesto en el ISIS.
En septiembre del 2014, una coalición interacional liderada por EEUU con Jordania, Bahréin, Qatar, Arabia Saudí y EAU empezó a bombardear al Estado islámico, Francia y el Reino unido en septiembre y diciembre de 2015 respectivamente,
No es fácil saber quien va ganando en la guerra de Siria entre cientos de facciones, pero sí quien va perdiendo. Nada, su abuelo, el mundo y su vergüenza. Ahora que parece ultimada la reconquista de Alepo por el régimen, que no del pais entero, donde existen muchas zonas sin control, o controladas como Palmira, de nuevo por del Estado islamico.
Con la salida de Alepo de Nada y sus katiuskas, su amigo Samir y los 500 niños que hoy mismo están huyendo de los bombardeos en Siria, con 8.000 civiles incluido su abuelo, huyen de una guerra de 5 años, donde parece que en este momento manda Rusia y, sobre todo, el régimen de Al Hassad que ha resistido, cuando al principio le daban semanas.
Esperando ahora que el hombre de la circunstancia, el canciller ruso Lavrov y el secretario de Estado saliente Kerry, se pongan de acuerdo para acordar un corredor humanitario seguro y una tregua, el traslado inmediato de la ayuda alimentaria y médica esencial que siempre tarda un mundo en llegar. Un mundo que debiera salir pitando y después de cinco años, no tiene ya vergüenza sino siquiera una partida presupuestaria.
La sociedad internacional no responde inmediatamente a las urgencias humanitarias. O sea que apenas es sociedad y apenas es internacional. Es una vergüenza planetaria. Antonio Guterres nuevo secretario general de NU a partir del 1 de enero tendrá delante de si una tarea imposible pero urgente.
Porque para ayudar a los niños bombardeados y refugiados en medio de la tragedia no se necesitan razones. Se precisa tanta urgencia como vergüenza. Hace cinco años que Nada no ha puesto zapatillas. Ha vivido 5 años y salido de Alepo dentro de sus Katiuskas rojas.
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