Ni la pérdida de la mayoría absoluta en el Congreso, ni el portazo de Aznar, ni los altibajos del día a día de la política. Nada parece perturbar la aparente ataraxia en la que está instalado Mariano Rajoy. En el más puro darwinismo, el PP está sabiendo adaptarse a los nuevos tiempos de precariedad parlamentaria. Si hay que pactar con Ciudadanos se pacta, si es con el PSOE, también.
Su secreto es doble: la debilidad de sus adversarios -las disensiones internas en el caso del PSOE- y el rechazo visceral que provoca Podemos entre la parroquia popular. A lo dicho para explicar el porqué de la cohesión que presenta el PP habría que añadir que este partido ha sabido reunir en sus filas a casi todas las sensibilidades del mundo de la derecha española. El electorado conservador, pese a diferencias ocasionales con la línea seguida por el partido, a la hora de la verdad, sigue apoyándole. Las discrepancias sobre la Ley del Aborto -aprobada en tiempos del Gobierno Zapatero, rechazada por el PP de entonces y no modificada por el PP con Rajoy ya en La Moncloa-, arroja luz acerca de la firmeza de ese vínculo de fondo entre las diferentes familias ideológicas que confluyen en el PP. Otro tanto ocurrió con la política seguida en materia de terrorismo, que («caso Bolinaga») tanta polémica generó en su momento.Más en Columnistas
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