LA convidá carnavalera sale gratis. Insultar, mofarse y humillar la fe de los creyentes, si los creyentes son católicos, apostólicos y romanos, sale gratis total. La libertad de expresión (¿el insulto, el desprecio y la gruesa inelegancia forman parte de esa libertad de expresión?) está por encima de la libertad religiosa, siempre y cuando la religión con la que se quiera jugar sea la católica.
Ese tiro al plato es de válvula. No cuesta nada. Hay libertad absoluta para mostrarse irrespetuoso, insultante e injurioso contra la fe de los creyentes.
¿Qué ocurriría si una banda de perturbados se mofara, ultrajara y despreciara la condición sexual gay? ¿Es admisible montar una fiesta o espectáculo público para mofarse y faltarle el respeto a los que son sexualmente distintos en nombre de la transgresión?
¿Pueden imaginarse hasta dónde llegarían los gritos y las salvas y los cohetes para condenar tan condenable ejercicio de impudicia?
El lobby feroz que actúa como brazo armado ideológico para defender las inclinaciones sexuales no hetero movería Roma con Santiago para denunciar y condenar semejante vejación.
Mutatis mutandi la misma que en el carnaval de Las Palmas se han ensañado con la fe de millones de personas. Falta respeto. Sobran mamarrachos amparados en la libertad de expresión.
No quiero que interpreten este artículo como un ejercicio moralista. En absoluto. Tan solo quiero que consideren la posibilidad de ese otro punto de vista amparado en la libertad de expresión. ¿O es que solo la libertad de expresión lo es depende de quién y cómo la ejerza?
Un poné: alguien monta un espectáculo deprimente, ofensivo y humillante donde las drag queen son tratadas como basura. No les describo el espectáculo. Tan solo les adelanto que ese espectáculo sería tan humillante, irrespetuoso y desconsiderado para ellos como el que hemos visto en el carnaval insular contra los católicos. Sus organizadores insisten, una y otra vez, que es puro ejercicio de la libertad de expresión.
Que están en su derecho de humillar y vejar a las drag queen. ¿Estamos ante otro caso de ataque a la condición y a la libertad sexual de estos artistas?
¿O es solo libertad de expresión? Yo creo que una libertad individual no puede consagrarse pisoteando otra. Si hay libertad de expresión para convertir símbolos y figuras religiosas en un espectáculo transgresor, también la hay para transgredir a los transgresores. Por pura ecuanimidad y legitimidad de ambos ejercicios de libertad. Para que te respeten hay que respetar. Y en España se respeta muy poco y en una sola dirección.
Escuchadas las motivaciones transgresoras del artista del carnaval, aún cuesta más creer en el montaje. Porque dice el artista que no quiso ofender a nadie y que tan solo era un ejercicio de transgresión.
Que alguien le explique, con rapidez y oportunidad, al plataformas, que no hay transgresión sin saltarse las normas del respeto establecidas, porque transgredir es precisamente eso: meterle el dedo en el ojo, sin segundas, al de enfrente.
Esa falta de convicción, de coraje, de arrestos para defender lo que has hecho, me parece tan inelegante y sucia como la falta de respeto a las creencias de millones de personas.
Si eres un transgresor y te vistes de dolorosa con plataformas y con más lentejuelas que Beyoncé en una boda de Nueva Orleans, sostén que lo haces porque te sale de allí mismo, de las plataformas. Pero no te arrugues como una procesionaria al menor contacto con una pregunta más o menos espinosa. Hace falta valor para ser un transgresor de verdad, de los que se la juegan ante símbolos y creencias que tienen capacidad de respuesta, ante un poder que también percute y no se calla.
Para transgredir religiosamente, los católicos no valen. Siempre ponen la otra mejilla. Alguien debería darle a la dolorosa de Las Palmas la dirección de Charlie Hebdo…
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