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Rafael Torres

El drag, el bus y la ETB

07 Mar 2017 - 08:16 CET
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El respeto, el verdadero respeto, no restringe la libertad, sino que la celebra y la garantiza. Lamentablemente, en España andamos regular de respeto, y, en consecuencia, de libertad. De lo que parecemos andar bien, diríase incluso que sobrados, es de sectarismo, de mala educación, de doble moral y de intolerancia. Todos. ¿Qué se desprende, si no, de las recientes movidas del «drag» de Las Palmas, del autobús transfóbico y del programa ese de la televisión pública vasca que tilda de paletos, fachas y chonis a los españoles? Lo del «drag» de Las Palmas ganador en su modalidad del concurso carnavalesco parece un monumento al disparate: la «performance» en sí y en todo su espesor, el hecho de que la criatura esté estudiando para profesor de religión, la reacción del obispo diciendo que le apenaba más el espectáculo que el accidente del Spanair… Dejando dramas y exageraciones aparte, pues se trata de una petardada supuestamente transgresora de Carnaval, lo que queda, como se aprecia, es una falta de respeto general.

Por su parte, el autobús que va faltando al respeto a los menores que, por lo que sea, no se acomodan en el sexo físico que les asignó la naturaleza, suscita a su vez, y como no podía ser de otra manera en ésta simetría de la intolerancia, otras faltas de respeto: las propinadas a quienes, bien que expresándose desde el mal gusto y la desconsideración, piensan así, esto es, a quienes les sulfura, por lo que sea igualmente, la reasignación legal de sexo. Cuesta entender que alguien se tome tan a pecho oponerse a los derechos de los demás, pues de un derecho estamos hablando si se aborda sin ligereza, pero también que desde las antípodas creenciales o ideológicas se le quiera laminar.

Nada menos que con el Código Penal en ristre, otros quieren responder a las opiniones de unos españoles, bien que vascos, sobre los españoles. Debería dar pena, y no ganas de entrullar a nadie, el despliegue de ignorancia y de desafección que se exhibe en ese programa de la ETB. Poco respeto hay en esas declaraciones casi diría que racistas, pero poco también en la furia que suscita el no saber encajarlas o ignorarlas. Mal andamos de respeto. Y de libertad.

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