Cuántas veces habrá usted oído decir que con la sangre y las tragedias no se juega. No hizo Cospedal nada más que poner un pie en Defensa para que saliera el Yak-42 y Trillo y los 75 soldados que perecieron en aquel funesto accidente aéreo. Le iban a dar un carguillo, no sé cual, al ex ministro del Ejército y se montó la parda. La nueva titular de la cartera estuvo de dulce. Como se debe comportar uno con los seres que se nos han ido, bien de forma natural, bien en acto de servicio. Mientras los familiares de aquellos héroes (todos los que van a una guerra llevan en la frente la heroicidad) se comportaron en el recuerdo con denodado sentimiento, catorce años después, toda una vida, la oposición mostró su educación zafia y barriobajera, a la que se suma esa pandilla de asamblearios que idolatriza a los matones y a los violentos incluso con armas.
Bueno, pues ya le han colocado al cartagenero el cartel de «persona non grata». No es que quiera hacer comparaciones, pero de qué distinta manera se ha tratado lo del avión del jurídico-militar y lo del Cougar, el helicóptero en el que fallecieron 17 soldados en Afganistán durante el mandato de Bono. ¡Casualidad, casualidad! Reviso los informes de la aeronave y el entonces ministro dice -y así lo corroboran algunos familiares de las víctimas- que ya no caben más explicaciones. Es la vara de medir según sea el partido. Conozco mucho a Pepe Bono tanto dentro del Congreso como cuando me venía a ver a mi casa rural de Guadalajara. Con todas sus cuadras toledanas y fincas cervantinas, resulta extraño que nadie -sea quien fuere- le haya realizado una paralela. Lo fácil es ir a Rajoy, darle dos hostias y el ayuntamiento de Pontevedra declararle persona non grata.
Los malos son los ricos. Eso. Aquí, por no quitar estas pajas te despluman. Y más si sois Duques de Palma, de los que habría tanto que hablar sin reparar en lo benéfico que resultan ciertos títulos de la nobleza. Claro que estamos en la merdé, en la decrepitud, la nada. Bien estuvo Felipe VI al revocar el ducado a su hermana Cristina. Pero eso es otra cosa. Están desapareciendo las plazas de España, el Imperio, la Hispanidad, y no digamos cualquier vestigio del régimen de Franco.
Quiero concluir diciendo -volviendo a los accidentes aéreos- que Federico Trillo, nº 1 del cuerpo jurídico de la Armada, de tradición militar, jamás podría querer que sus compañeros -por muy subordinados que fueran- viajaran en avión de hojalata. De lo contrario, sería un grandísimo hijo de puta. Y no me consta.
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