Al son de que «el tiempo de los corruptos
Ha terminado», el camino recto
De la regeneración, sin los abruptos
Socavones de tal lacra, tiene aspecto
De tomarse en serio de una vez por todas,
No acabando por ser tan solo un proyecto;
A ver si esta vez se hacen bien las podas
Y el árbol de la decencia da su fruto,
Y en este siglo celebramos las bodas
De Júpiter y Juno, a la vez que Bruto
No apuñala más a César por la espalda;
¿No sonará por fin hueco el canuto
Del decoro y seguirá la esmeralda
De la dignidad, más que oscura, opaca?;
A ver a quien le colgamos la guirnalda
Del éxito: ¿A quién estruja la vaca
De la avaricia, o a quien le llena el pesebre?;
¿A quién sigue meciéndose en la hamaca
De la avaricia, o a quien corre la liebre
Del despilfarro por las abruptas trochas
De la verdad, aunque le suba la fiebre?;
Hasta los tales estamos de panochas
De maíz y ayunos de espigas de trigo;
Basta ya de tantas cornamentas mochas
Y vuelven al ruedo toreros, amigo,
Con la espada de la regeneración,
Que, con el riesgo de sufrir el castigo
De las urnas, pongan en pie a la Afición…
Suene la música, vibre el ¡bravo!, ¡bravo!,
Y ojalá al morlaco de la corrupción
Por fin le corten… ¡las orejas y el rabo!.
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