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Análisis

Antonio Sánchez-Cervera: «La agenda exterior del nuevo Presidente español»

Antonio Sánchez-Cervera 05 Jun 2018 - 10:34 CET
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En estos momentos, tras el cambio en la Presidencia del Gobierno, es prioritario que la presencia de España en el mundo aumente en eficacia, representación y en resultados, es decir, sea más significativa y relevante.

Rajoy no supo vendernos, ni representarnos sobre todo en el conflicto de Cataluña. Puigdemont marcó su territorio y Rajoy, una vez más, miraba hacia otro lado.

En esta nueva etapa que comienza, el nuevo gobierno de la Generalitat, intentará más que nunca reabrir sus «embajadas» y ampliar la presencia de la Cataluña más independiente, menos representativa, en el exterior a costa de minorizar la acción de España, que es su país, no solo en los foros internacionales sino también en los rincones gubernamentales de los gobiernos de la UE, la OCDE, la ONU, EE.UU y un largo etcétera, así como en los medios internacionales de las grandes cadenas de radio, televisión y prensa escrita.

Sánchez y su equipo saben que la Generalitat les va a marcar rápidamente unas líneas rojas y que el señor Torra tiene un único y exclusivo recorrido: dar un golpe de mano al Estado. Cualquier duda al respecto, sería de una necedad propia de un político sin luces. Don Mariano, por ejemplo, se tragó, aparentemente al menos, aquello de la «lealtad» del PNV. ¿Habrá mayor y torpe ingenuidad? No lo creo, seguramente y como siempre, desde la pasividad mal interpretada, no quería elecciones pues Rivera le había adelantado como un huracán. Para los del PNV, la manifiesta torpeza presidencial, les vino tan de maravilla que ni se lo llegaban a creer: más dinero insolidario para ellos, menos Rivera y por qué no, dejar a un Sánchez más residual.

Hoy, si Rajoy no sabe irse, los suyos le tendrán que echar del mismo modo y prontitud que le han largado en el Congreso.

Sánchez debe llevar con inteligencia, tenacidad y resistencia el timón de España en el contexto complejo de la Unión Europea.

El nuevo inquilino de Moncloa debe dar un cambio radical en la cabecera del Gobierno por lo que respecta, entre otros aspectos, a nuestra política exterior. Debe andar un camino que su lánguido predecesor nunca recorrió y, obviamente, sin intentar, zafia y groseramente, como hicieran los del aparato del PDECat con la corresponsal de «Le Monde» en España, Sandrine Morel, comprar a la prensa, según revela ella en un libro sobre el «procés»
Es esencial que el nuevo Presidente no intente contentar a todos pues nunca lo va a conseguir y jamás consolidará lealtades de aquellos en lo que solo prima su propio interés aprovechándose de las ventajas del Estado, aunque no se consideren parte del mismo.

Tampoco, el Jefe del Ejecutivo debe atrincherarse en La Moncloa a merced del PNV, ERC, y PDECat. Podemos jamás será un aliado fiel.

El acercamiento a Cs y Cs al PSOE sería una jugada maestra en el equilibrio y control del Estado, que redundaría en una subida de votos para ambas formaciones.

Antes de la moción de censura, Rajoy estaba políticamente muerto, pero los que le rodeaban estaban sumidos en el silencio de los corderos. Por eso, le han echado los otros con maestría parlamentaria.

Sánchez debe nombras embajadores que sean políticos y que trasladen al exterior la visión de Estado, con coherencia, realidad y transparencia, con respecto a lo que los separatistas pretender hacer con Cataluña, ninguneando a una mayoría social de catalanes que solo desean la buena convivencia y el avance social dentro del Estado.

El equipo que forme Sanchez, además de avanzar en temas sociales y de otra índole (feminismo, pobreza infantil, seguridad ciudadana, etc.), tiene unos retos importantes que debe asumir con astucia y criterio: presupuestos de la UE, Gibraltar y las consecuencias del Brexit para los propios gibraltareños y los campogibraltareños, Andorra, Moscú y su entramado sinuoso, la política migratoria europea…

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