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Lo que escribió Lenín

“La Teología Marxista de la Liberación (TLM): El sueño húmedo del diablo”

El fin teórico perseguido por ambas filosofías sea similar

Antonio Gil-Terrón Puchades 02 Oct 2021 - 07:25 CET
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Jamás se me ocurriría dar lecciones de religión al Papa Francisco, pero ya que él  nos las suele dar de política, como cuando afirmó que «son los comunistas los que piensan como los cristianos», me voy a permitir la licencia de darle a él lecciones de cristianismo; y si alguien se siente ofendido, lo siento mucho, que es un decir, pero un servidor solo calla, inclina la cabeza y se arrodilla, ante Dios; y el papa Francisco no lo es.

En este orden de cosas, me sorprende que haya gente, supuestamente leída, que sin el menor sonrojo, hable  de la gran similitud entre cristianismo y comunismo, sin que le exploten los empastes de la boca, por tan petarda aseveración.

Aunque básicamente el fin teórico perseguido por ambas filosofías sea similar, es decir, el reparto de los bienes materiales entre todas las personas, el procedimiento seguido para lograr dicho objetivo, es perversamente inverso, estando en las antípodas el uno del otro.

Así, el cristianismo, basado en fundamentos divinos (y si alguno lo duda que se lea el Nuevo Testamento), fundamentará esa idílica igualdad, en el reparto libre y voluntario, basando dicha acción, en el don divino del libre albedrío. Para ello se fomenta el amor al prójimo, como vía para llegar a “compartir evangélicamente” los bienes existentes.

Por el contrario, en el comunismo/marxismo, dicho reparto será a la fuerza y mediante el empleo generoso de la violencia; y lejos de basarse en el amor fraternal, se fomentará el odio y la lucha de clases, con el objetivo de que al final tan solo quede una sola clase social, bajo la férrea bota del Estado Totalitario, personificado éste, en siniestros personajes a los que se les rendirá culto, a imagen y semejanza de los divinizados emperadores de la antigua Roma.

Mientras en el cristianismo se predica el reparto voluntario, en el comunismo se expolia al que tiene y -en ocasiones-  además se le corta el cuello al expoliado.

Se trata de la eliminación de la lucha de clases, mediante la supresión física y violenta de una de ellas.

En este sentido, Lenin escribió: “La dictadura del proletariado es una lucha encarnizada, sangrienta y no sangrienta, violenta y pacífica, militar y económica, pedagógica y administrativa, contra las fuerzas tradicionales del viejo mundo”. Claro que tras ver los cien millones de muertos que ha dejado la aplicación práctica del comunismo en el planeta, uno se pregunta dónde quedó la parte “pacífica y no sangrienta” de la que hablaba Lenin.

Así pues, quien desee exaltar – demagógicamente – las “virtudes” del comunismo, que lo haga, pero  basándose en sus sanguinarios iconos, que los hay de sobra, y no en Jesucristo y la filosofía cristiana, porque el hacerlo sería tan esperpéntico como ponerle a un Cristo crucificado, un cinto con dos pistolas y un “Sombrero Luminoso”.

NOTA: Aparte de que se haya infiltrado alguno en Roma, según el Dr. Gustavo Sánchez Rojas,

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