Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

España en la encrucijada

Papá, ¿por qué somos de derechas?

Son muchos años de complejos, indefinición, guerras internas, divisiones y pleitos en sus filas

Josué Cárdenas 20 Ago 2023 - 17:47 CET
Archivado en:

Más información

Alfonso Rojo: “Lo de Sánchez es vomitivo y lo de PP y VOX es lamentable, pero seguimos en la pelea”

El dardo de Rosa Díez a García-Page por sus críticas a los pactos con Puigdemont: “¿Vas a hacer algo por impedirlo?”

Todos recordarán, sean aficionados al fútbol o no, el entrañable anuncio de televisión que el Atlético de Madrid lanzó allá por el año 2003, conmoviendo a todo el público.

Un niño en el asiento de atrás de un coche con voz dubitativa y frágil le preguntaba a su padre: «Papá, ¿por qué somos del Atleti?«.

El padre con una cara que todos recordamos, hacía un silencio que respondía a la inocente pregunta de ese pequeño aficionado colchonero.

Mi pregunta es: «¿qué pasaría si hoy día, un niño subiese al coche, después de un día en el colegio y con la misma vocecita que la del niño del Atleti le preguntase a su padre: Papá, ¿por qué somos de derechas?

El silencio y la pausa trascendental se producirían seguro.

Es muy difícil que una persona que se sienta de derechas explique por qué se considera de derechas.

Son muchos años de complejos, indefinición, guerras internas, divisiones y pleitos en sus filas.

Si me permiten la metáfora futbolística, es complicado ponerte la bufanda y gritar los goles de una ideología o tendencia política si no hace otra cosa que meterse goles en propia puerta; dejarse meter goles y no saber en que portería debe anotar; enfrentarse a los compañeros en lugar de al contrario e insultar a tu propia afición; jugar más cómodo fuera que en casa y respetar al árbitro aunque este lleve la camiseta puesta del equipo contrario; defender el reglamento por encima del propio deporte; no llevar la camiseta del mismo color y muchas veces ponerte la camiseta del contrario; no hacer una sola falta al rival mientras ellos te destrozan la tibia; que tu afición haga cánticos ridículos y venderles más entradas a la afición visitante que a la tuya; intentar dar la mano a tu rival mientras él te escupe; fiarse del resultado en cuanto metes un solo gol;  ir perdiendo 17 a 0 y aún así celebrar un saque de banda a favor; negarse a lanzar ciertos penaltis o a disputar la mayoría de balones; al jugador que vale para delantero meterle de lateral zurdo; jugar el balón solo en el centro del campo dentro del círculo central; considerar que el resto del campo es extremo y que no se debe disputar nada allí…

La derecha si quiere alcanzar la victoria y no hacer bueno el vaticinio de Pablo Iglesias, pronosticando que PP ni VOX iban a volver al poder, debe reconocerse a ella misma y saber qué defiende y por qué lo defiende.

Muchos echan en cara la falta de principios de Sánchez pero es que lo que tiene en frente ha fluctuado de una manera tan equilibrista como la de Sánchez.

A problemas reales de mayorías no se les puede proponer soluciones para unos pocos.

Es importante centrar el tiro y definirse absolutamente, sin tibiezas ni tampoco ambigüedades propias de personas que no se creen lo que predican.

Un plan y una agenda clara, entendible, realista y honesta. Una agenda irremplazable, con puntos innegociables, adaptables sólo a la conveniencia y no al dictado de la izquierda.

El día que la gente entienda a la derecha, empezará a gobernar y no lo hará solamente cuando la izquierda sea un horror o cuando se canse de robar.

La derecha vive tan cómoda sumida en sus complejos que no le votan ni los suyos ni por supuesto los que no deberían ser suyos.

La derecha no tiene ni un solo «gremio» del que reciba un apoyo casi unánime como sí lo tiene la izquierda. Ni los policías, ni los curas, ni los abogados, ni los empresarios, ni los toreros, ni los cazadores, ni los militares… votan en masa a la derecha.

Sólo lo que se considera pijo, esos que tienen miedo de que su decimocuarta vivienda se la ocupen, sólo ese pequeño grupúsculo de gente tiene la derecha anclada para sí.

En el resto hay de todo y ya no digamos maestros, catedráticos, sanitarios, currantes, camareros, oficinistas, periodistas… esos el 75% votan a la izquierda anti española y pro Txapote. Por no decir que la derecha apenas tiene referentes culturales, artísticos, musicales o deportivos en los que fijarse.

La derecha tiene un miedo pavoroso a todo lo que sea más de tres frases seguidas si no es una guía de viajes o un crucigrama de esos que haces en una tumbona. No tiene el apoyo necesario para crear vínculos con un modelo, un ideal, un referente.

La derecha no puede fijarse en nadie porque no tiene prácticamente a nadie en quien fijarse, porque o lo suele despreciar o las causas de las derechas no están hechas para un tipo que hace cine o llena un estadio de 60 mil personas.

La derecha ha perdido varios aspectos fundamentales que la hacen alejarse del orgullo de pertenencia:

He dicho que VOX o deja de ser de derechas o acabará feneciendo.

Necesita dejar de ser de derechas para poder ser consecuente y no caer en los males congénitos de la derecha.

Hay que aprender mucho de la izquierda.

Una izquierda vende patrias, cainita e inmoral pero que tiene claro lo que quiere y lo está consiguiendo.

Estoy seguro que ese niño si le pregunta a su padre, ¿por qué somos de izquierdas? ese padre va a saber que decir.

Quizá sea mentira o demasiado populista pero seguro que tiene banderas y motivos para aferrarse.

La derecha solo tiene el dinero como elemento por el cual dejarse la piel y recuerde: la raíz de todos los males es el amor al dinero como decía San Pablo.

No tener más ideal que tu cuenta bancaria te conduce a ser un Tío Gilito, sin más patria ni bandera que tus ingresos.

Necesitamos corazones ardiendo, calles incendiadas de valientes dispuestos a lo que haga falta con tal de tener casa, curro y familia.

La derecha ha considerado que la vivienda es sólo para unos pocos privilegiados; que el curro puede ser mal pagado, con despido libre y que si te quedas en el PARO es porque eres un vago poco productivo; y la familia la ha destruido comprando el discurso individualista, poniéndote a tu alcance una mascota pero no una seguridad que te permita sacar adelante un proyecto común con una persona, abrazando el feminismo de la izquierda y diciéndote que es mejor un hijo con vacaciones tres días en Bali que 5 hijos y disfrutar de un mes entero en Benidorm como hacían nuestros padres. La derecha ha arriado muchas banderas, ha tirado muchas toallas y ha bajado demasiado tiempo los brazos.

Por eso ni los niños ni los padres son de derechas.

Por eso, lo que nos queda ser, es ser patriotas.

Defender nuestro pan y sobre todo defender la justicia en tiempos de injusticias.

Ser garantes de una libertad que nos ha sido arrebatada y devolver la esperanza a una España que se desquebraja por momentos.

Necesitamos armonía en medio de esta melodía desafinada y monotemática que nos venden en España.

Necesitamos certezas que no sean jaulas como decía Dostoyevski, sino alas con las cuales volar y no parar hasta llegar al objetivo.

Ningún español puede sentirse huérfano.

Ningún niño tiene por qué no ser respondido a la pregunta: Papá, ¿por qué somos patriotas?

Más en Columnistas

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

CONTRIBUYE

Mobile Version Powered by