Más información
No recuerdo cuándo aprendí a leer y escribir, pero lo que sí recuerdo es que aquel tiempo pasé uno de los veranos más felices de mi vida.
Un verano de aquellos en que cada día era una aventura, y la despreocupación no era empañada tan siquiera por aquellos golpes y caídas, esparadrapos, tiritas y ´mercromina´ que fueron estigmatizando mi piel.
Paños calientes ´larvando´ unas cicatrices que irían escribiendo en mi cuerpo, las primeras líneas del prólogo de una historia que no había hecho más que comenzar.
Fueron tiempos sin tiempo, sin reloj…, sin prisas.
Fueron tiempos donde aprendí el profundo significado de las palabras, amistad, compañerismo, camaradería, hermandad, así como el valor sagrado de la palabra dada.
Luego llegaría la pre adolescencia, y con ella una época de mi vida en que ´las chicas´ no eran más que eso, ´chicas´; unos seres morfológicamente diferentes a los que había que respetar, y punto pelota. Tiempo tendría en el futuro de fijarme con más detalle en su ´morfología´.
Tiempo tendría de conocer el primer beso y el primer adiós… y con él las primeras lágrimas amargas…; esas que no por inocentes y tempranas, sangraron menos mi corazón.
Pero volviendo al principio de la historia, a la de aquel verano maravilloso, recuerdo sobre todo -por traumático- aquel día que estando más feliz que una perdiz, mientras diseñaba mentalmente la construcción de una choza sobre el árbol del vecino, mi madre me dijo que fuese plegando trastos porque el verano había terminado y era hora de volver al colegio.
– ¿Al colegio? ¿Para qué? ¡Sí ya sé leer y escribir! -respondí con cara de asombro y dejo de indignación mal disimulada, mientras mi madre me miraba con compasivo amor-.
Más de sesenta años después, entiendo el significado de aquella misericordiosa mirada.
¡Santa inocencia!
Ahora es cuando me pregunto si es sano dedicar más tiempo a recordar que a vivir, y la verdad es que no sé qué responder; pero es lo que hay. En la vida no siempre se puede elegir ´a la carta´. Puedes tragarte el plato que te pongan por delante, o tirarlo al suelo y romper la baraja. No sé. Lo consultaré con la almohada.
Más en Columnistas
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home