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Para los políticos independentistas catalanes, que usan a Sánchez como un pañuelo al uso y le ordenan posicionarse donde ellos digan, la amnistía es sólo la primera exigencia que ordenan al presidente en funciones a cumplir de inmediato y sin excusas de esas de la milonga constitucional, pues esa imposición, para esos interesados e insolidarios personajes de Cataluña, no se va a llevar a cabo en el nombre ni en el interés de España ni en defensa de la convivencia entre españoles, entre otras razones, dicen, porque ellos no son ni se sienten españoles y España les trae al pairo.
Sin embargo, Sánchez, engatusando al personal, dice que la inconstitucional amnistía se hace por España, aunque simula, descarada y jurídicamente, que será plenamente constitucional. Y el personal, una fracción, menos mal, que ha votado a Sánchez en las últimas elecciones, muy convenida o irresponsable y sin criterio alguno, se lo traga y asiente con complicidad manifiesta con el secretario general del PSOE y con esos astutos dirigentes catalanes que no quieren ni desean a España ni en pintura, tampoco a Sánchez y buena prueba de ello es que le desprecian mandándole lo que hay que hacer.
Así las cosas, en la oscuridad propia de esta investidura de carácter dictatorial, la amnistía, por supuesto, no va a suponer el reencuentro total con Cataluña, entre otras cosas, porque muchísima gente de Cataluña no sólo no quiere la independencia, sino que nunca ha estado en lucha ni en pugna con el resto de España pues son y se sienten españoles. No va haber reunificación porque nunca ha habido desunión.
Entonces, ¿para qué sirve la amnistía? Sencillamente, para hacer de la necesidad (falta de diputados de Sánchez) virtud (que el vividor de Puigdemont le haga presidente).
Obviamente, la amnistía, recogiendo la doctrina de la corte suprema federal alemana, para encajar su admisibilidad desde todos los puntos de vista (políticos y jurídicos) tiene que llevar sin ambagages el reconocimiento de lo infringido y, sobre todo, que no se va a vulnerar más, es decir, en el caso de los independentistas, la renuncia a la unilateralidad, pero si la amnistía no es el fin del camino, en el decir de Sánchez, ni la resolución del conflicto político catalán, como comenta Pere Aragonès, ¿a dónde nos conduce la amnistía?
Para Sánchez, a la investidura, como muy bien precisa el político vasco del PSOE, Odón Elorza – no es una amnistía para la convivencia, es una amnistía para la investidura -, para los independentistas, una vez conseguida la misma, a seguir avanzando y trabajando, esto es a evitar los 22.000 millones de euros de desfase que considera la Generalitat que existen, al traspaso de Rodalies y, fundamentalmente, a pasa por el referéndum sobre la independencia de Cataluña, sin previa consulta al resto de los ciudadanos de España.
Por cierto, tan en el paraguas de lacayismo está Sánchez con Puigdemot, personaje que desprecia la democracia, que si hasta ayer lunes era el expresident catalá ahora es president.
Antonio Sánchez-Cervera
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