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Reproducción endogámica

La Hidra

Córtele usted al monstruo una de sus cabezas y contemplará horrorizado como le crecen tres nuevas

Antonio Gil-Terrón Puchades 20 Ene 2024 - 06:05 CET
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Estamos gobernados por una casta política que – enquistada sobre nuestras espaldas y engarzada rufianescamente a nuestros bolsillos – en su incapacidad para crear nada por sí sola que no sea nuevos impuestos o prohibiciones, estrujan las ubres del pueblo hasta el punto en que ya empieza a salir más sangre que leche.

Los tiranos, amén de ser relativamente baratos, mueren por ley natural, o se les ayuda a morir; son fácilmente identificables y tan solo es necesario que corra el rumor de su posible caída, para que – irónicamente – sean sus más serviles e inmediatos colaboradores, aquellos que se lucraron con privilegios y pernadas, los primeros en arrimar el hombro para acelerar su desplome. Y vuelta a empezar. Cambiarlo todo para que nada cambie. Los mismos perros con diferentes collares.

El problema viene cuando la opresión no tiene cabeza, ni rostro ni nombre, sino que al igual que la mitológica Hidra, está perversamente repartida en multitud de cabezas, las suficientes como para controlar y fiscalizar la vida pública y privada de hasta el último y más insignificante ciudadano del país.

Córtele usted al monstruo una de sus cabezas y contemplará horrorizado como le crecen tres nuevas.

Su capacidad de reproducción endogámica va a la par que sus exigencias a la hora de inventar nuevos impuestos con los que alimentar sus – cada vez más – numerosas e insaciables fauces.

Siempre he sido un corredor de fondo, aguantando en silencio lo que me tocaba y lo que no, que ha sido mucho; pero la verdad es que ha llegado un momento en el que esta nueva normalidad liberticida y orwelliana que el social comunismo nos ha traído, casi me supera; que en el fondo es lo que les gustaría y esperan.

Pues que esperen sentados, mientras yo espero preparado y de pie, ver como caen y se estrellan. ¡Al tiempo, que son cuatro días!

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