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Hace diez años escribí que con precedentes en la Edad Media, durante el siglo 19, los tres maestros de la sospecha: Marx, Freud y Nietzsche, criticaron “una forma de entender el mundo que llega hasta nuestros días” (Wikipedia, 23 de mayo de 2013), es decir, la base conceptual de la organización social y de nuestras vidas.
Ya en el siglo XX, suele destacarse la contracultura, aunque a menudo se banaliza su impacto social. Más tarde se hablaba se la post-verdad, creada por los políticos y difundida por los medios, consiguiendo que la cultura popular esté basada en los engaños políticos+.
Sin duda, el mayor éxito de la post-verdad ha sido la creación de una verdad oficial que suele ser contraria a la realidad y éste es el problema de los españoles, de los europeos y de los occidentales.
Cuando en 2018 Eurostat publica que la corrupción española alcanzaba el 8% del PIB, muy por encima de la media de la Unión Europea del 4,8% y del 5% de la media mundial, según Naciones Unidas, pensé que este dato acabaría con la metamafia política. Me equivoqué.
Relevantes denunciantes de corrupción decían que ese dato no serviría para concienciar a la gente del problema y acertaron.
Ningún denunciante de corrupción ha conseguido que la gente relacione la corrupción con los grandes problemas de los españoles, a pesar de ser su causa.
Los especialistas, especialmente los economistas, periodistas y tertulianos políticos, no han considerado la corrupción -incluyendo el autoritarismo y el totalitarismo- como la causa principal de la decadencia española (cada día se vive peor), del desempleo, de la brutal deuda pública (deuda de todos los españoles), del retraso de la edad de emancipación familiar, de la disminución de la natalidad, del mileurismo, de los bajos salarios, de la precariedad laboral, del liderazgo mundial en consumo de tranquilizantes, … y de los suicidios.
No sólo se ha ocultado este hecho, tal vez por su compleja demostración, sino que se han creado un sinfín de causas falsas para ocultar el origen de cada uno de los problemas de los españoles.
La corrupción es el problema, pero dado que no tiene solución porque no ha habido forma de hacer que los españoles sean conscientes de ello, el conocimiento de que la corrupción es el problema es un requisito previo para que la mayoría (pueblo soberano) acabe con la corrupción, con la decadencia y con sus propios problemas.
Con esta conclusión, nace el partido político Progresistas contra la corrupción (PCLC), el único partido sin políticos, que asume como reto principal informar a toda la población de que sus problemas son consecuencia de la corrupción. Lo hará mediante denuncias penales.
Los economistas tendrán que crear una nueva teoría económica que sitúe la corrupción como principal factor de producción, por delante del capital y del empleo, a los que sustituye en gran parte. La teoría de la ECONOMÍA DE LA CORRUPCIÓN.
Los periodistas y otras personas influyentes tendrán el reto de informar a toda la población de nuestras denuncias penales contra los destructores de la sociedad española, para que conozcan la relación entre la corrupción y cada uno de susproblemas.
Conocido el problema, los votantes expulsarán a la metamafia política y votarán a otras alternativas que no estén creadas por miembros de la metamafia política, especialmente a partidos creados por denunciantes de corrupción, como Progresistas contra la corrupción (PCLC), que puedan acabar con la corrupción, con la ayuda de los jueces que, presionados por este cambio popular, y conscientes de la imposibilidad de seguir encubriendo a la metamafia política e institucional, cumplan la ley rigurosamente.
Confiamos que nuestras denuncias sean capaces de cambiar la cultura y las prácticas mediáticas, empresariales, sindicales, de los economistas y judiciales, iniciando una Era de prosperidad y de progreso.
Progresistas contra la corrupción (PCLC) está en proceso de registro en el Ministerio del Interior desde el 17 de enero.
Para concurrir a las elecciones europeas del 9 de junio, se necesitan que 15.000 electores avalen la presentación y no se puede avalar a varias candidaturas. Nunca antes han sido tan importantes las elecciones europeas, especialmente por el poco conocido cambio producido en las elecciones europeas de 2019.
Javier Marzal
Denunciante de corrupción y Presidente de Progresistas contra la corrupción
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