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Marruecos

La última carga

INTERVENCIÓN DE JOSELE SÁNCHEZ Y MOHAMED ZIANE EN “LA RATONERA”

Antonio Gil-Terrón Puchades 16 Mar 2024 - 06:38 CET
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No deja de tener bemoles que tenga que ser un español de a pie el que defienda en un acto público, la españolidad de Ceuta y Melilla. Y entiéndase por español de a pie aquel que paga de su bolsillo el coche oficial, chófer y escoltas, de aquellos tipos que no van a pie ni para ir a la vuelta de la esquina.

Pues bien, un amigo, el novelista  Josele Sánchez, le cantó hace unos años, las verdades del barquero a Mohamed Ziane, (ex ministro del gobierno marroquí y actual líder del Partido Liberal de Marruecos), ante las pretensiones de éste de convertir a las dos ciudades españolas en una especie de Andorra africana.

El rifirrafe aconteció durante la emisión del programa “La Ratonera”, emitido por Alerta Digital TV, en cuyo plató estaba invitado el novelista Josele Sánchez con motivo de la publicación de su obra titulada “Con la piel de cordero”; libro excelente, por cierto.

Pues bien, tras escuchar la perorata de Mohamed, mi amigo Josele que no es de los que se callan ni bajo del agua, le faltó tiempo para responderle: “Como español, como patriota, no te consiento que te atrevas a cuestionar la españolidad de Ceuta y Melilla que son españolas desde muchos siglos antes de que Marruecos siquiera existiese”.

Y es que un país  puede sentirse legitimado para reclamar un territorio que históricamente fue suyo, pero lo que no es de recibo y raya lo bufo, es que reclame un territorio que nunca lo fue. Y abundando en este orden de cosas, si algún ingenuo ´buenista´ piensa que Mohamed se va a conformar con Ceuta y Melilla, lo tiene claro. Que le sirvan en bandeja las dos ciudades españolas, y luego exigirá Granada, y si se la regalan también, luego pedirá Córdoba, Sevilla, Valencia, Zaragoza, y así hasta llegar a los Pirineos. ¿Alguién lo duda?

Y claro, uno no deja de preguntarse a qué leches se dedican nuestros gobernantes y representantes políticos de la casta, amén de cobrar y marranear percebes entre gamba y cigala, para que tenga que ser un españolito de a pie el que salga a dar la cara en defensa de la integridad territorial del suelo patrio.

La nacionalidad la marca la Historia, no la colindancia, ya que de lo contrario, y por esa misma regla de tres, España mañana podría exigir la entrega de todos los territorios que linden con sus fronteras, comenzando por Francia. ¡Mola!

Sin querer entrar en la novela inacabada del porqué del servilismo de nuestro sátrapa particular, con el sultán alauita, que tiempo habrá (tic-tac), quiero rescatar hoy de la hemeroteca, el artículo que publiqué hace ahora 30 años, como columnista del periódico LAS PROVINCIAS, en julio de 1994, titulado “LA HISTORIA INTERMINABLE”:

No es la primera vez, ni será la última, que traigo a estas páginas, a modo de recordatorio desagradable, la bomba de relojería sobre la que España asienta sus fronteras inferiores. Me estoy refiriendo, como usted ya habrá intuido, a esa olla a presión -sin válvula de seguridad- llamada Magreb, en la cual se está cociendo un guiso que cada vez huele peor.

Pues bien, el rey de Marruecos, Hasan II, remitió una carta a los participantes en el foro que, bajo el título «El acatamiento y el Califato en el Islam», se celebró hace unos meses en El Aiún. En dicho escrito se vertía, entre otras cosas, las siguientes perlas:

“LA INTEGRIDAD TERRITORIAL DE MARRUECOS Y SUS DERECHOS SOBRE EL SÁHARA (OCCIDENTAL), CEUTA Y MELILLA SÓLO LO CUESTIONA UN PORFIADO Y SÓLO LO NIEGA QUIEN ESTÁ CIEGO Y EXTRAVIADO…»

Ahí queda eso. Quieren más, pues sigan leyendo que, lo que sigue, no tiene desperdicio.

“…VELAREMOS POR ESOS DERECHOS Y NO NOS HARÁ RENUNCIAR NI LA RENUNCIA DE LOS INGRATOS…

No me negarán que la frase tiene lo suyo, o, mejor dicho, lo nuestro. Pero sigamos.

«…NI DOBLEGARÁ NUESTRA VOLUNTAD PARA SU PROTECCIÓN LA MALDAD DE LOS MALVADOS».

¡Vaya poema!

De todos modos, cabría recordarle al monarca marroquí que Ceuta y Melilla son españolas desde mucho antes de que Marruecos existiera.

Marruecos tiene el mismo derecho sobre Ceuta y Melilla, que el que nosotros tenemos sobre Andorra y Portugal. ¡Bueno, no tanto!

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