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Tania Ericksen, la directora de la Agencia del Medicamento danesa, se desmayó en plena rueda de prensa

¡Para ponerse a temblar!

Cuando se anunciaba que Dinamarca suspende la vacunación con AstraZeneca a sus ciudadanos

Antonio Gil-Terrón Puchades 21 Abr 2024 - 07:22 CET
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Ha comenzado a conocerse el número inicial de muertos, no por el covid, sino a causa de los efectos secundarios de las vacunas, así como los efectos secundarios, en muchos casos trastornos graves y vitalicios en la salud de los vacunados, y hablamos de personas sanas hasta el momento de recibir las diferentes dosis.

Así, y antes de que la ciudadanía tenga conocimiento de los datos ciertos, el Ministerio de Sanidad se descuelga ahora diciendo que las vacunas contra la Covid-19 no fueron obligatorias, sino voluntarias.

Después de toda la presión mediática y social puesta en marcha, ´quien se vacunó durante la pandemia lo hizo con total libertad de decisión y porque quiso´.

Oída la aclaración, tras ponerse de perfil, realizada por el Gobierno, un servidor teme que lo que realmente aún no conocemos, es bastante peor que lo que conocemos.

Para ponerse a temblar; y yo tiemblo. Y no por haberme vacunado, que no lo hice por sexto sentido, sino por tener, como cualquier hijo de vecino, seres muy queridos que sí lo hicieron.

Cuando dejen de sumar y restar, peras con manzanas, y se estudie el incremento  en el número de muertos habidos en España, comparando las cifras pre-pandemia (418.703 fallecidos en 2019) con las de la post-pandemia (464.417 fallecidos en 2023), veremos que, una vez terminada la pandemia y las diferentes dosis de vacunaciones masivas, en 2023 hubo 45.714 muertos, más que en 2019. Y como dicho incremento no se puede achacar ya al covid-19, ni a Franco, ni a Putin, ya verán cómo al final la culpa es del ´cha-cha-cha´; es decir, del comodín del ´cambio climático´.

Todo antes que evaluar qué responsabilidad ha podido tener las vacunas y sus ´adalides´ mediáticos, en dicho macabro descuadre.

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