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“Vamos a contar mentiras (4)”

Luis XIII… y medio

Luis González 06 Jul 2024 - 07:43 CET
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Resumen de lo publicado: España, en contra de lo que nos quieren colar a todas horas, no tiene Constitución, ni democracia, ni Parlamento,  ni elecciones, ni Partidos políticos.

La pegunta surge de inmediato: entonces, ¿qué clase de Régimen es el nuestro?

Vamos a ello.

Habrá que remontarse al origen de nuestros males; exactamente hasta 1994 cuando Felipe González fue derrotado en las urnas por José María Aznar.

La cosa ya venía turbia: el dúo González-Guerra se había cargado, o casi, la independencia judicial; puesto a su servicio a casi todos los Medios de Comunicación y, amén de otras tropelías, rebajaron considerablemente los planes de Educación de nuestra juventud.

Aznar había ganado las Elecciones, sobre todo, basándose en cuatro promesas: desclasificar los llamados “papeles del CESID” que hubieran llevado a Felipe al banquillo; devolver la independencia al Poder Judicial, regresar a una Educación que formase ciudadanos libres y no dóciles analfabetos sin apenas capacidad crítica y, por último, restablecer la libertad en los Medios de Comunicación.

González, al comprobar su derrota, se presentó ante el Rey hecho un basilisco; lisa y llanamente, le amenazó: si él caía, se llevaría por delante todo el tinglado, empezando por la mismísima Monarquía.

Juan Carlos, como su ilustre abuelo sesenta y tres años atrás, se lo hizo en los pantalones; tenía demasiados cadáveres en el armario como para no saber que Felipe hablaba en serio; empezaría por contar la verdad de lo sucedido en el golpe de Tejero, revelar diez o doce asuntillos más y Su Majestad tendría que abandonar el país por la puerta de atrás.

Por supuesto, el Rey se comprometió a solucionarlo. ¡Por la cuenta que le traía! Llamó a Aznar a capítulo y lo puso firme. El nuevo Presidente, no sólo incumplió aquellas cuatro promesas que lo habían llevado a La Moncloa. ¡Llegó a nombrar Ministro de Defensa a Eduardo Serra, subsecretario de Lo Mismo con Felipe! Lo que supuso que el líder socialista dispusiera de un topo en el Consejo de Ministros.

Es difícil imaginar mayor rendición. ¿O resulta más adecuado llamarla traición?

No me consta que Aznar y González se entrevistaran para llegar a algún acuerdo.

Como quiera que los hechos demuestran que hubo acuerdo, tengo para mí que ambos líderes hablaron largo y tendido.

Por edad, ambos habían vivido el franquismo. Y tomaron buena nota.

Sigo especulando: a partir de los resultados que a la vista de todos están, no me cabe duda de que pactaron, nada más y nada menos que resucitar el franquismo; eso sí, bajo una engañosa apariencia democrática. Ya se encargarían sus Medios de Comunicación de enmascararlo un día sí y otro también.

El acuerdo fue, pues, repartírselo como buenos hermanos; todos los Poderes del Estado, antes en manos del Caudillo, pasarían a ser controlados  por ellos.

Para mejor entenderlo: resucitaron el Movimiento Nacional.

Pronto se demostró que aquel pacto no fue entre iguales: los socialistas, mucho más listos y perversos, con total carencia de escrúpulos, no han dejado de madrugar a sus ingenuos socios hasta convertirlos en meros monaguillos a su servicio: si Aznar no rectificó a Felipe, Rajoy tampoco derogó una sola Ley de las muchas infumables promulgadas por Zapatero. ¿Hay quién dé menos?

Para mayor comprobación, echemos una mirada a la situación actual: Pedro Sánchez ya ni siquiera se toma la molestia de guardar las apariencias: controla de modo abusivo Parlamento, Medios de Comunicación, Fiscalía, Tribunal Constitucional, un buen número de Jueces, Tribunal de Cuentas, Presidencia del Congreso…

El pobre Feijóo hace como que protesta, llega incluso a tocarle las narices, aunque no demasiado, no vaya a enfadarse; y, por supuesto, continúa pactando con su socio, barbaridades sin fin en Europa y no pocas en España: reparto de Jueces que el muy insensato cree equilibrado (no tardará en comprobar que, una vez más, se la han jugado), traicionera mini-reforma de la Constitución…

Ahora se entiende muy bien el porqué de la ofensiva contra VOX. Desde Sánchez y los suyos, aparentemente no justificada, pues les vendría muy bien dividir el voto de las fuerzas que podrían destronarles; en el caso del PP, otro tanto, pues si quieren llegar al Poder, no tendrán más remedio que contar con su apoyo.

Por encima, incluso, de los intereses electorales de ambos Partidos está algo mucho más importante: la razón de ese odio africano, de ese todos contra VOX, es así de simple: Abascal se niega a participar en el enjuague: no quiere ser un peoncillo más en el renacido Movimiento Nacional. Por lo tanto, es hoy la única amenaza real al pornográfico pacto PP-PSOE que tan caro nos está costando.

Resumiendo: cuando los Poderes del Estado, todos los Poderes del Estado, están en manos de una o varias personas, el Régimen así constituido no puede recibir otro nombre que el de Dictadura.

Espero haber contestado la pregunta que formulé al comienzo de estas líneas.

Hubiera preferido que la respuesta fuera otra, pero las cosas son como son.

Les recuerdo que la primera condición para que alguien se cure es admitir que está enfermo.

Cosa que, lamentablemente, no le sucede a nuestra actual España.

Lo aclaro un poco más: de que está gravemente enferma, no caben muchas dudas; de que no se está enterando de dónde le duele, tampoco.

Luis XIII… y medio

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