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Para debates cara a cara, los que se organizan todas las noches sobre el colchón presidencial de la Moncloa.
Pedro acaba de contarle a Begoña su último y feliz proyecto. No parece que su señora haya quedado muy convencida.
– Ella: ¿Estás loco? ¿Cómo se te ha podido ocurrir semejante estupidez?
– Él: Mujer, es una magnífica idea. Los Papas mandan mucho, son infalibles, tienen millones de seguidores en todo el mundo…
– Ella: Ya. Pero se te olvida un pequeño detalle, majo. ¡Ninguno de ellos ha estado casado!
– Él: ¿Y qué? La gente se terminará acostumbrando. Tampoco pretendo aparecerme revestido de sus sotanas, en silla gestatoria, con un gorro descomunal lleno de diamantes y…
– Ella: Pues no será por falta de ganas, hijo; porque tú, con tal de lucirte…
¡Un momento! ¡A ver si, en realidad, lo que pretendes vaya a ser deshacerte de mí! ¡Mucho cuidado, que te veo venir!
– Él: ¡Claro que no! Estoy profundamente enamorado de ti. Lo dejé bien claro en mi Epístola…
– Ella: Más te vale; porque como me parezca oler algo raro, empiezo a largar y aquí salimos todos por la ventana.
-Él: Puedes estar tranquila. Y a propósito de largar; tú sigue con la boquita bien cerrada, por más que el Juez te pregunte; no vayamos a liarla que tú…
– Ella: ¡Pues anda que tú! ¡Quién fue a hablar de meter la pata!
No das una a derechas, querido. Todo lo que dices, absolutamente todo, te ves obligado a desmentirlo dos días después.
– Él: Es cuestión de táctica, Begoña.
– Ella: Tú llámalo así, si lo prefieres; pero a mi, tus pomposas declaraciones públicas, unas me suenan a mentiras de lo más pobre y, otras a que no das una a derechas y hasta que alguno de tus esbirros no te lo hace ver, ni te das cuenta. ¡Que tú no sirves para Presidente del Gobierno, Pedro! ¡A ver si eres capaz de aceptarlo de una vez por todas!
-ÉL: Pues la gente está bien contenta.
-Ella: Ya lo noto cada vez que salimos a la calle, que no dejan de ponerte verde.
-ÉL: ¡Bah! Los cuatro ultraderechistas de siempre.
– Ella: Allá tú. Si me hicieras más caso…Digo yo, ya que quieres imitar a algún personaje importante, en vez de fijarte en el Papa, con la cantidad de problemas que iba a darte eso… Para empezar, no veas cómo se pondrían los católicos, que aquí son muchos.
¡Sin olvidar que ningún Papa ha estado casado!
– ÉL: Eso ya lo dijiste antes.
– ELLA: Por si acaso se te olvidaba.
Si te fijaras un poco más, tienes a mano modelos mucho mejores.
-ÉL: ¿Sí? ¿En quién estás pensando?
-Ella: ¿En quién voy a pensar? En el mejor de todos: Franco.
-ÉL: ¡Hala! ¿Un dictador?
-ELLA: Todo lo dictador que quieras, pero se tiró casi cuarenta años mandando él solito; y sin que nadie le tosiera.
Por cierto, tu PSOE no se dignó soltarle ni siquiera un pequeño estornudo.
A ver si consigues durar tú la mitad. ¡Qué digo la mitad! Con la cuarta parte ya me conformaría.
– ÉL: Mujer, la democracia es la democracia.
– ELLA: ¿De qué democracia hablas? ¡Pero, hijo, si tú eres setenta veces más dictador que el Caudillo! A ver si no, ¿empiezo a contar? Tribunal Constitucional, Presidencia del Congreso, Fiscalía, Cadenas de televisión, Tribunal de Cuentas, Jueces a montones… ¿Sigo?
– ÉL: No hace falta. Lo he pillado.
– ELLA: Pues será mejor que no lo sueltes. Hazme caso por una vez, que de esas cosas entiendo bastante más que tú.
Y, ahora, a dormir.
Por si acaso volveré a repetírtelo: ¡Ningún Papa ha estado casado!
Y Franco, sí; para que lo sepas.
¡Buenas noches!
*********
A Pedro le costó más que otras veces coger el sueño; en los muchos años que llevaba casado con ella, nunca vio en Begoña demasiados signos de inteligencia; pero, aunque fuera por casualidad, quizá ahora hubiese acertado.
Sí, definitivamente, era mejor tomar a Franco por modelo que a cualquier Papa. Ni color.
Lo de controlarlo todo, como el malvado Dictador, le sonaba de maravilla; en realidad, para reunir la colección completa, aún le faltaban pequeños detalles: algunos jueces díscolos, empeñados en cumplir la Ley como si eso no estuviera superado con la llegada de los progresistas al Poder; también, ocho o nueve pseudo-Medios que no paraban de denunciar y denunciar ¡Otros que no terminaban de enterarse! No tardaré en hacerlos desaparecer y España será mía para los restos.
En nada, todo controlado ¡y a vivir!
Cuando estaba a punto de cerrar los ojos, una terrible duda le asaltó; incorporado en la cama, estuvo a punto de despertar a Begoña a ver si a ella se le ocurría algo.
Desistió al momento: acertar dos veces en la misma noche sería demasiado esperar de ella.
“Todo eso está muy bien- pensó- pero ¿de dónde saco yo Ministros verdaderos pozos de ciencia y que hayan demostrado ser unos fenómenos gestionando?
Porque con el Puente, el Bolaños, las Irenes, las Belarras, los Garzones, es imposible ir muy lejos.
¡A ver si, al final, va a tener razón mi mujer y yo no sirvo para Presidente del Gobierno!
¿Qué más dará eso?
Yo a lo mío que, de momento, no se me está dando mal del todo”
Por fin se durmió; menos mal, porque de seguir haciendo planes…
Luis XIII… y medio
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