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Cuando intentamos racionalizar nuestra propia existencia en comparación con la de otras personas, nos percatamos que dos más dos no siempre suman cuatro. Nos damos cuenta que la salud, el dinero, al igual que el amor, pueden ser fuente de felicidad, pero también de desgracia.
¿Una salud fuerte y sana, puede ser causa de desgracia? Pues sí. Puede prolongar el sufrimiento, retrasando un final que ya está sentenciado. ¿Un ejemplo? El de dos crucificados; uno fuerte y con una salud de hierro, y el otro de naturaleza débil y con un corazón frágil. Obviamente, aquí, una buena salud será fuente de muchísimo más dolor; o sea, de desgracia.
Eso si hablamos de salud física. Si hablamos de salud mental, veremos que también hay ocasiones en las que una mente sana puede ser fuente de un tormento indecible. ¿Un ejemplo? El de dos personas, una mentalmente sana y la otra loca de atar. Hay un accidente en el que ambos pierden de golpe a todos sus seres queridos. Obviamente, de nuevo aquí, el sano mental es el que más sufrirá.
Otro tanto sucede con el dinero que en su justa medida da paz y seguridad, pero que cuando sobrepasa los límites de lo confortable, llega a amargar la vida. El maldito dinero, fuente de odios, violencia, y destrucción de familias.
Y del amor de pareja… ¡Pues qué quieren que les diga! El amor… ¡Ay el amor!
¿Será porque todo es relativo? ¡Pues no; no todo lo es! Y es en eso que no lo es, donde cansado de la fragilidad y volubilidad humana, he aprendido a construir mi vida, al elevarme por encima del muro del ´yo y mis circunstancias´, al tener la cordura y la valentía necesaria, no para derribar el muro, sino para saltarlo.
No malgastes el tiempo intentando derribar el muro; simplemente, sáltalo.
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