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Se piensa equivocadamente que las emociones van por libre y escapan al pensamiento y la razón; y es así.
Las emociones pueden nacer tanto del pensamiento como del ´corazón´. Así, mientras la emoción de ´la lastima´ nace del pensamiento y no va más allá, la emoción de ´la compasión´ nace del ´corazón´.
Y es que se prefiere recurrir al término ´corazón´, a pesar de no ser éste más que un músculo que bombea sangre, antes que pronunciar la palabra ´alma´ y herir con ello la sensibilidad de aquellos que no ven en el ser humano más que un simple animal aventajado. Pero da lo mismo. Las cosas son lo que son, independientemente de cómo las llamemos. Sigamos.
En la lástima no hay acción, tan solo observación. Miramos, vemos, pensamos, sentimos lástima y seguimos nuestro camino. Por el contrario, en la compasión hay empatía y acción.
Miramos; vemos; nos ponemos en el lugar del que sufre y sentimos compasión. A partir de ese momento el dolor del otro será nuestro dolor, lo cual nos impulsará a buscar el modo de paliarlo. Sufrimos con él, y actuamos.
Cuando hablamos de esa emoción llamada ´amor´, la cosa cambia, ya que aquí se puede confundir el Amor con mayúsculas, ese que nace del alma, con el amor con minúsculas, ese que nace cuando mezclamos el instinto animal de reproducción con los patrones estéticos de moda, grabados artificialmente en nuestro cerebro. Y eso no es Amor.
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