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- ¡Quiero querer!

Cartas de Einstein a su hija

- ¡Amo amar!

Antonio Gil-Terrón Puchades 24 Ago 2024 - 08:00 CET
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Confundimos el querer con el amar, y miren ustedes la diferencia cuando empleamos los mismos tiempos verbales, pero cambiando las palabras:

– ¡Quiero querer!

– ¡Amo amar!

`¡Quiero querer!`, transmite deseo no exento de necesidad, mientras que `¡Amo amar!`, transmite plenitud, y paz; porque somos libres en el amor.

El avaricioso verbo `querer`, implica frustración y ansiedad por poseer algo o a alguien. Cuando se posee aquello que se desea, entonces se piensa: `¡Tengo lo que quiero!`, pero en ese mismo momento es cuando surge el miedo que conlleva dicha frase,  al surgir un nuevo pensamiento hasta el momento inexistente: `Temo perder lo que tengo`.

La plenitud y la paz se logran con el verbo `amar`. Porque es unilateral, generoso y desprendido; nada quiere, ni nada espera. Porque el Amor no se posee, ni se tiene; sino que es él, si somos merecedores, quien nos posee a nosotros.

Al final los verbos `querer` y `tener`, son producto de la mente y su acelerado tráfico de neuronas, mientras que el verbo amar, aquel que sacia y nada teme, porque nada tiene ni nada quiere, es fruto del alma o, si lo prefieren, del corazón.

Si desnudamos el amor de su parte sexual, que al fin y al cabo no es más que el instinto animal de reproducción que poseen todos los animales, ¿nos queda menos amor?

A veces, cuando suprimimos la parte sexual en la relación de una pareja, lo que nos queda no es menos amor, sino nada. En otros casos, el amor no varía un ápice, mientras que en otros el amor crece.

Al acto sexual se le ha denominado, y aún se le denomina, como `hacer el amor`. Y es que los autores ´fumetas´ de tan desafortunada frase, ignoraban que el amor poco tiene que ver con el placer y el orgasmo corporal, pero mucho con el éxtasis.

No se hace el amor. El amor se siente, se vive. Lo que la gente entiende por hacer el amor, vulgo coito, no es más que la culminación del instinto animal de reproducción. Para descubrir la esencia del amor, debemos prescindir de palabras y jadeos más o menos teatrales. Para descubrir y SENTIR FÍSICAMENTE LA ESENCIA DEL AMOR, basta con un sentido y prolongado abrazo; así de simple.

Para descubrir y SENTIR ESPIRITUALMENTE LA ESENCIA DEL AMOR, basta con cerrar los ojos, dejar la mente en blanco y abrir nuestra alma a Dios. Aquellos que lo han conseguido (no es fácil ni cotidiano), saben de lo que hablo.

En cuanto a aquellos que nunca lo han vivido, los hay de dos tipos: Los que lo han intentado pero aún no lo han conseguido, y aquellos otros que no lo intentan  porque no creen en ello. Una pena.

Como escribió Albert Einstein, en su última carta manuscrita, a su hija Lieserl, el Amor es Luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe. El Amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El Amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. Por amor se vive y se muere. El Amor es Dios, y Dios es Amor.

El pica flores de Einstein nunca fue una persona religiosa, pero como fe en la existencia de Dios, le daba sopas con honda a más de un penitente de la Semana Santa.

El Dios del que habla Einstein en la carta a su hija, poco tiene que ver con el Dios judío del Antiguo Testamento, y mucho con el Dios de Amor que nos reveló Jesucristo en el Nuevo Testamento.

TEXTO COMPLETO DE LA ÚLTIMA CARTA MANUSCRITA DE ALBERT EINSTEIN A SU HIJA LIESERL, CONSERVADA Y CUSTODIADA EN `THE HEBREW UNIVERSITY OF JERUSALEM`, ISRAEL:

Querida hija:

Tu padre.                                                                                                            Albert Einstein

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