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En 2005 La Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles, la prestigiosa y bien gestionada RENFE (1 de febrero de 1941), se escindió en dos empresas, Renfe y Adif, con competencias diferentes. La primera, calificada de Operadora, se encargó de prestar el servicio de transporte de viajeros y mercancías con el material móvil disponible y venidero, y Adif la responsable de administrar la infraestructura ferroviaria construida y por construir.
Con el paso de los años y por culpa de los distintos presidentes de ambas compañías, del titular de turno del ministerio de Obras Públicas, y de los presidentes del Gobierno que se han sucedido, Renfe y Adif han ido deteriorando su servicio y mantenimiento, hasta convertir a la puntual, limpia, respetada y única compañía ferroviaria en dos focos de protestas continuas, en el desprestigio de sus siglas y en el deterioro de la marca España.
Ha sido denominar en 2023 Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible al anterior (1993) Ministerio de Obras Públicas, Urbanismo y Medio Ambiente, rebautizado en 1996 con su nombre fundacional (1847) de Ministerio de Fomento, para que el tren deje de tener movilidad y registre retrasos, paradas, averías y cancelaciones que resultan habituales e insufribles para sus usuarios; que las carreteras nacionales, autovías y antiguas autopistas estén repletas de baches peligrosos y asfalto rugoso y desgastado, y que las empresas concesionarias de transporte de viajeros por carretera vean recortadas sus subvenciones, canceladas muchas paradas y líneas, y disminuidas drásticamente las frecuencias. Se ve que para el desgobierno de Pedro Sánchez Pérez-Castejón la Movilidad Sostenible consiste en esto y que lo único importante para él es el aumento de las frecuencias del Falcon y el helicóptero.
Pero hay otro aspecto en el que ADIF es responsable y culpable: el destrozo de parte del rico patrimonio inmobiliario que representaban las estaciones y apeaderos de la red. Ahora, no solo en varios kilómetros de líneas medio abandonadas, como en la Madrid-Burgos y en otras de vía estrecha, sino en muchas instalaciones de la red principal de ancho ibérico y circulación diaria de larga distancia, media, cercanías y mercancías, las antaño regias estaciones y edificios de consigna y vivienda de empleados están derruidas, hundidas y pintarrajeadas, mostrando a viajeros y curiosos un panorama tercermundista y desolador, indigno de un país como España. En varias, como en las líneas Madrid Santander y Madrid-Irún, Adif ha cerrado los edificios, ha consentido que se destruyan y los ha sustituido por una marquesina tipo parada de autobús urbano con una máquina expendedora de billetes y pago con tarjeta de crédito. ¡Qué desprecio a la historia de Renfe, a su patrimonio secular y a los usuarios y españoles en general!
¿No había mejores soluciones para hacer frente a la reducción de personal, a los hábitos de la sociedad y a la automatización de la gestión?
Por ejemplo, alquilando gratuitamente esas instalaciones a empresas y particulares, con el único compromiso de mantenerlas en pie y evitar su deterioro.
JORGE DEL CORRAL Y DIEZ DEL CORRAL
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