Las urnas las carga el diablo:/lo peor de cada casa/luego, pasa lo que pasa/Ahora verán de qué hablo.
Palabra de Lenin: “Contra los cuerpos, la tortura; contra las mentes, la mentira”
Difícilmente pudo anunciar sus intenciones con mayor claridad; en efecto, desde entonces, todos los países atrapados por el comunismo, han sufrido, en cantidades industriales, opresión, barbarie, miseria, esclavitud, tortura, engaño y crimen.
Pol-Pot, en Camboya, asesinó a ¡un tercio de la población! Parecido porcentaje de sus ciudadanos, en el caso de Venezuela, han logrado escapar de aquella terrible dictadura; de Stalin poco bueno puede decirse: horror y asesinato fueron las claves de su paso por el Poder; Mao, más de lo mismo: crímenes en masa y, para que tengan una muestra, en lo tocante a libertades, llegó a prohibir en China la música de Beethoven… ¡y la práctica del ajedrez! Esta última, supongo, por lo mucho que estimula el razonamiento… y la memoria, los dos enemigos mortales de cualquier régimen comunista.
Pues bien, pese a todo ello, en España hemos llegado a padecer casi cuatro millones de ¿ciudadanos? votando nada menos que eso.
¿Explicación?
Desde luego, no podían ignorar, lo que es el comunismo; tampoco, un hecho más que significativo: durante décadas, la ciudad de Berlín estuvo dividida en dos por un muro. ¿Para evitar la masiva huida de occidentales en busca del paraíso comunista? Todo lo contrario: aquella pobre gente escapaba como podía de ese infierno … las muy pocas veces que podía.
Resulta imposible que no conozcan algo, mucho, todo o aún más que lo anteriormente expuesto. Imposible. Y sin embargo, repito el dato, casi cuatro millones de Españoles votaron eso; es de suponer, porque lo consideraban lo mejor para España. ¿De dónde lo sacarían?
Para no tardar demasiado en llegar a donde quiero llegar, sucede exactamente lo mismo por lo que respecta al PSOE y al PP.
El primero, siempre corrupto y totalitario; el PP en su estúpida servidumbre de acomplejado cómplice.
En las últimas elecciones generales, casi ¡quince millones de españoles! apoyaron a uno u otro de esos dos Partidos.
Lo repito: ¡Quince millones de españoles afirmaron, sin sonrojarse, que uno u otro Partido eran lo mejor que podía sucedernos!
Es evidente que no podrían proliferar los timadores de no contar con una muchedumbre de ingenuos que se lo tragan todo.
De acuerdo; también ha de influir lo suyo la compra masiva de Medios de Comunicación ¡y de muchos de sus miserables profesionales! Sin olvidar a toda esa multitud de presuntos intelectuales siempre dispuestos a poner el cazo a cambio de bendecir la ignominia.
Una vez más, de acuerdo; pero no es ahí a donde yo quería ir a parar. Dejemos a un lado las diversas motivaciones para ese masivo y nefasto proceder; también la fragilidad de tanta mente, cada vez menos cultivada, fácil presa para toda esa gentuza.
La disculpa más generalizada suele ser: “como no había otra cosa…”
¡Pero si, precisamente, de eso es de lo que se trata: de evitar que “no haya otra cosa”!
Voy, por fin, al fondo de la cuestión: estoy harto de escuchar, hasta más allá de la saciedad, que, nos guste más o nos guste menos, todo ciudadano tiene perfecto derecho a votar lo que mejor le parezca; acierte más o falle como escopeta de feria, hemos de soportar el resultado que arrojen las urnas, por terrible que termine siendo. Esa es la democracia y esas sus normas.
Pues bien, yo no estoy de acuerdo con eso. ¡En absoluto!
¡Mucho cuidado, porque semejante afirmación tiene trampa! Y muy gorda.
Antes de explicarlo, una sencilla pregunta: ¿Alguno de ustedes ha visto poner en duda en cualquier parte ese supuesto derecho?
Por algo será.
Un derecho, al menos en mi opinión, más que discutible. En realidad, ni siquiera eso: lo que no me parece discutible es su falsedad. Voy con ello.
Están olvidando, muy perversa y astutamente, otro derecho. Que entra claramente en colisión con el que pretenden hacernos tragar como evidente.
El que tengo yo, el que tiene toda la ciudadanía sensata a exigir que todo proceso electoral conduzca al mejor gobierno posible. Y creo que ese derecho es anterior, y por lo tanto, está por encima del de los ciudadanos mayores de edad a votar lo que mejor les parezca.
Para empezar es antiguo y nunca discutido. Tiene nada menos que veinticuatro siglos de vigencia y fue enunciado, no por un cualquiera, sino por Platón. Repito, desde entonces, nadie ha osado discutir una sola coma a esto:
“El principal objetivo de todo régimen político ha de ser tomar cuántas medidas sean necesarias a fin de conseguir que nos gobiernen los mejores, es decir, los más honrados y competentes; en consecuencia, resulta imprescindible dotarnos de todos los instrumentos tendentes a cerrar el paso a los candidatos que no reúnan estas dos deseables cualidades en una razonable medida”
Lo repito, esto lleva veinticuatro siglos asentado en los países civilizados como una verdad indiscutible.
Además, es anterior a las normas de las que pueda dotarse cualquier sociedad para decidir quién haya de gobernarla; es anterior puesto que obliga, previamente a su redacción, a que esas normas busquen, por encima de cualquier otra consideración, tan deseable objetivo. Por lo tanto, todo régimen cuyo fin primero no sea esa garantía de estar gobernados por los mejores, carecerá por completo de legitimidad.
A mi me parece que está clarísimo.
Entre el derecho de la gente a votar lo que le de la gana y el de la sociedad en su conjunto a rechazar todo lo que no conduzca a la búsqueda de los mejores, debe prevalecer este último sin el menor género de dudas.
Lo repito: ¿Han escuchado alguna vez cualquiera de ustedes este razonamiento en los Medios de Comunicación?
Ahora cobra mayor sentido mi anterior afirmación: por algo será.
Así pues, urge crear un movimiento ciudadano que explique esta trampa, que desenmascare a quienes nos la quieren colar como verdad absoluta.
Hay que explicárselo muy clarito a la gente; también a todas esas mentes frágiles, fáciles presas de la manada de timadores que se las han llevado al huerto.
Hay que superar el nefasto “como esto es lo que hay…” mediante la busca de una razonable garantía a la hora de evitar que sujetos tan indeseables como Zapatero, Rajoy, Sánchez, Iglesias y tantos otros puedan ser candidatos a gobernarnos.
Una vez eliminados de la carrera los perversos e incompetentes, ahora sí, y sólo ahora sí, que la ciudadanía vote lo que le dé la gana.
El “esto es lo que hay…” empezará a tener sentido. Sentido plenamente civilizado. ¡Que ya va siendo hora!
¿Imaginan el vuelco a mejor que daría nuestra convivencia si lográsemos que una buena parte de esas personas sin criterio cayeran en la cuenta de que también están siendo estafadas?
Será más o menos posible; pero si no lo intentamos…
Desde la modestia de esta columna, yo no puedo ir más allá de denunciarlo.
Luis XIII… y medio
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