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Vas conduciendo y de repente la circulación para en seco. Pasan 20 minutos, hasta que, poco a poco, el tráfico se reanuda, exasperadamente lento. Ya tenemos accidente, piensas.
Así, tras varios kilómetros, prácticamente sin poder pasar de 1ª, entre frenazos y arrancadas, llegas.
Luces de los servicios de emergencia, vidrios y fluidos, damasquinado el asfalto, y, en la cuneta, unos cuerpos inmóviles, cubiertos con mantas, sin reloj ni zapatos, sin prisa, en el suelo aguardan.
Si eres cristiano, te santiguas y rezas una breve plegaria, mientras despacio sigues conduciendo rumbo a tu casa.
El tráfico comienza a fluir, pero ya nadie corre. Pasan los kilómetros; 10, 20, 40, 50… Tranquilidad, y el pensamiento centrado en los que en casa esperan tu llegada.
Pero curiosamente, pasados 100 km del sangriento drama, el pie comienza a pisar el acelerador, mientras todos, colectivamente, parecen olvidar que, en un adelantamiento, en una curva, a veces la muerte caza.
Con la información meteorológica sucede algo parecido. Basta que suceda un drama como el de la reciente riada sufrida en Valencia, para que durante unos meses los avisos y alertas oficiales, se intensifiquen, magnificando los riesgos; curándose en salud y evitando posibles responsabilidades. Y así, poco a poco, sucede con las alertas meteorológicas de la AEMET, lo mismo que sucedió en el cuento de Pedro y el lobo. Te asustan una vez; dos, tres, cuatro, hasta que, del miedo se va pasando al hartazgo; a la más absoluta indiferencia.
El problema añadido, viene acentuado por la imposición orwelliana, de un relato oficial impuesto, donde la p. emergencia climática ´made in woke´, hay que hacerla cuadrar con la vida ciudadana, aunque sea a martillazos. Ello provoca que, especialmente en verano, los escandalosos colores de los apocalípticos mapas meteorológicos de la AEMET, se asemejen más a las ilustraciones del infierno de Dante, que a lo que debería ser un simple mapa del tiempo. Pero claro, lo simple no da miedo, ni incita al voto por correo.
Por hacerlo corto, tan solo decir que cuando se abusa del miedo, al final la gente pasa, y cuando viene el lobo de verdad, el pueblo, harto de las mentiras de Pedro, ya no se cree nada; hasta que pasa. Y cuando el lobo, harto de carne humana, saciado se marcha, las emociones se transmutan en gritos, y los gritos en pedradas. ¡Qué esperaban!
Vean lo qué está pasando en Grecia. Eso que los medios del ´relato ´, cocinan a gusto del cliente, por aquello de ´el que paga, manda´.
Del genocidio de cristianos en Siria, y de las mentiras que se han contado, otro día hablaremos, que por hoy ya basta.
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