Gracias al anticiclón sobre las islas británicas el tren de borrascas atlánticas ha entrado esta vez por la Península Ibérica, regando a España y Portugal de riqueza hídrica, que es otra forma de llenar los bolsillos de portugueses y españoles porque cuando llueve, como decía mi abuelo Ramón, alto funcionario del Banco de España, son duros de plata que bajan del Cielo.
Gracias a Jana, Konrad, Laurence y Martinho, los cuatro temporales que nos han visitado entre el 6 y el 18 de marzo, bautizados así por el Grupo Suroeste europeo, formado por los Servicios Meteorológicos Nacionales de Portugal (IPMA), España (AEMET), Francia (Metéo-France), Bélgica (RMI) y Luxemburgo (MeteoLux), se ha paliado, en parte, uno de los problemas endémicos de España: la sequía. Incluso los acuíferos agostados de las Tablas de Daimiel y las Marismas de Doñana han vuelto a llenarse y a inundar su superficie por virtud de esas borrascas que han alegrado a casi todos los españoles, excepto a aquellos que creen que el agua del grifo sale por arte de birlibirloque y que llaman mal tiempo a la lluvia y buen tiempo a la sequía pertinaz porque se tuestan al sol.
A quienes saben de estas cosas les duele ver desaguar pantanos cuando su capacidad está al límite y tienen que abrir compuertas por seguridad para que esa agua no rompa diques, discurra por el rio y llegue al mar sin que haya otro pantano aguas abajo que la retenga para uso posterior, para riqueza de los agricultores, de los ganaderos, de la industria, del ciudadano en general y de la variada fauna salvaje que puebla nuestro amado país.
España, a la que periódicamente la afectan pertinaces sequías, debe unir todas sus cuencas hidrográficas (proyecto que se hizo en la II República y que no pudo completar Franco por falta de tiempo) para trasvasar agua allí donde se necesite y previamente diseñar y construir nuevos embalses con capacidades acumulativas y para laminar riadas que eviten tragedias; de conducciones de riego y de abastecimiento, y obras de defensa de poblaciones desprotegidas ante riadas de Danas imprevistas. Para todo esto se requiere voluntad política, planificación estratégica, recursos económicos suficientes y tiempo superior a los cuatro años de una Legislatura. Pero sobre todo un pacto de Estado entre los partidos mayoritarios para aprobar una Ley Orgánica que impida que cualquier mindundi independentista o falso ecologista la pueda parar y cancelar, como ha ocurrido recientemente en Valencia con los pancatalanistas de Compromís y los catastróficos José Luis Rodríguez Zapatero y Teresa Ribera Rodríguez, obstaculizando los primeros las obras pendientes en la Rambla de Poyo con la populista y perjudicial ley autonómica de la Huerta y organizando semanalmente manifestaciones contra Carlos Mazón Guixot, y cancelando el último Plan Hidrológico Nacional, los dos segundos.
De igual manera que los incendios se combaten en invierno limpiando el monte, con la sequía se lucha teniendo llenos los pantanos y planificando una estrategia hídrica nacional a medio y largo plazo. Es otra vez la era de los grandes políticos y de los sobresalientes ingenieros españoles de caminos, canales y puertos. Éstos los tenemos a docenas desde tiempo inmemorial y con reconocimiento internacional. Los servidores públicos han desaparecido y habrá que buscarlos debajo de las piedras si queremos que España siga siendo una nación unida y de peso en la historia mundial.
JORGE DEL CORRAL Y DIEZ DEL CORRAL
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