Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Vaticano

Del Papa y su sucesor

Cónclave cardenalicio

Elena Sánchez 30 Abr 2025 - 06:31 CET
Archivado en:

Más información

El gran apagón de Sánchez deja cinco víctimas mortales: tragedia en Orense, Valencia y Madrid

El Papa Francisco murió un lunes; justamente el día en el que nos reunimos en el Bar más grande del pueblo para charlar amigablemente, motivados antes por la breve conferencia del experto de turno. Para ese día ya estaba comprometido; además no había tiempo material, en solo unas horas, de buscar a alguien cualificado que nos impartiera doctrina. Hubo que dejarlo para el siguiente lunes.

Así pues, anteayer fue el día. Tuvimos la suerte de dar con un señor, italiano, jubilado y seglar, que había trabajado toda su vida en el Vaticano y conocía aquello como el salón de su casa. Casado con una española, hablaba perfectamente nuestro idioma; cuando le llegó la edad del retiro, el matrimonio se trasladó a un pueblo situado a poco más de quince kilómetros del mío, lugar de residencia de su hija, su yerno y su nieta.

Accedió gustoso a darnos una charla sobre el recién fallecido Pontífice y las circunstancias de su próxima sucesión.

Puede que desilusione a alguno de mis lectores, pero, en esta ocasión, no hubo debate alguno; sí, al final de su disertación, alguna que otra pregunta, muy pocas, esa es la verdad; en realidad, el hombre fue tan preciso y esclarecedor que, exagerando sólo un poquito, me atrevería a decir que salimos de allí convencidos de saber bastante más acerca del Vaticano y sus asuntos, que la multitud de expertos que han brotado últimamente como setas e inundan nuestras Cadenas de televisión de opiniones de todo tipo. Y cuando digo “de todo tipo” quiero decir, exactamente, eso.

Con la mejor de mis intenciones, voy a resumir para ustedes los dos aspectos más importantes de aquella sustanciosa charla.

Según nuestro simpático experto, han sido muchas las tonterías vertidas acerca del carácter del finado Pontífice.

La Iglesia, básicamente, tiene tres misiones principales: una, guardar la doctrina y difundirla lo mejor posible; dos, realizar todo tipo de obras sociales, caritativas y de propaganda; por último, mantener y, si es posible, incrementar, el necesario Imperio económico y político- y político, repitió con énfasis nuestro experto- para que puedan llevarse a cabo los otros dos objetivos.

Francisco, la doctrina, no la ha tocado;  entendió, desde el primer momento, que la prioridad de la Iglesia, en los tiempos que corren, era muy otra.

En cuanto a las obras de caridad, ayuda y propaganda, se ha limitado a ponerlas en manos de gente capaz, eso suelen hacer todos los Papas; además de rezar mucho para que las suerte les acompañe.

Al tercer objetivo fue al que Francisco dedicó casi toda su atención. Se le reprocha su proximidad al globalismo, al camelo climático, a las agendas de exterminio…

¿Y qué otra cosa podía hacer? El dinero lo tienen quienes lo tienen; y quienes tienen el dinero, están manejando el mundo exactamente en esa dirección.

La Historia del Papado es una lucha constante, ora por oponerse al Imperio en busca de dominarlo, ora para someterse a él en las mejores condiciones, cuando se sentía menos fuerte.

Esa y no otra batalla, ha sido la librada  por Francisco. En España, por ejemplo, quienes cortan el bacalao, enemigos todos de la Iglesia, pretenden derribar el Valle de los Caídos; Francisco sabía perfectamente que, de un modo u otro, acabarán consiguiéndolo. En consecuencia, lo mejor que podía hacer-de perdidos al río- era sacar la mejor tajada posible; de haberse opuesto, nada habría conseguido y, encima, la Iglesia habría sido perjudicada en muchos aspectos, sobre todo en el económico; y no digamos, en cuánto a la propaganda, que el enemigo maneja todavía mejor que la propia Iglesia; y ya es decir; cuenta con una ventaja: su total carencia de escrúpulos; ellos no tienen que guardar las formas, no le deben nada a los Evangelios.

Pasó luego a comentar las especulaciones sobre la sucesión.

Aquí las tonterías que se desparraman por ahí son todavía más abundantes.

En primer lugar, el asunto de las quinielas.

¿Cuántas veces habrán escuchado ustedes el famoso dicho: “El que entra Papa en el Cónclave, sale Cardenal”.

Mamarrachada de a kilo.

No es cierto.

Repasó los últimos siete Cónclaves, los que alumbraron otros tantos Papas, exactamente los siete con que nuestro conferenciante había convivido.

En tres de ellos aparecía un candidato claramente destacado del resto. Y, ¡oh casualidad! fue el que, finalmente, acabó siendo elegido: Pacelli (Pío XII) Montini (Pablo VI) y Ratzinger (Benedicto XVI). Estos tres, entraron Papas y salieron más Papas todavía.

Hubo otro Cónclave, el de 1958, tras la muerte de Pío, en el  que el gran favorito era el Cardenal Giuseppe Siri. No era el único, aunque sí iba claramente destacado en todas las quinielas. Pues bien, no son pocos los que afirman, ellos sabrán por qué, que Siri fue elegido Papa; aceptó el nombramiento, incluso eligió nombre, Gregorio XVII, pero, presionado, sobre todo, por los Cardenales del Este de Europa, terminó renunciando. Roncalli (Juan XXIII) fue el segundo plato en aquél cónclave.

Finalmente, en los otros tres, fueron elegidos candidatos sorpresa: Luciani (Juan Pablo I) Wojtyla (Juan Pablo II) y Bergoglio (Francisco).

Así pues, los pronósticos se cumplen siempre que hay un claro favorito; se produce una sorpresa cuando no los hay (o son muchos, que viene a ser lo mismo) y, finalmente,  queda la duda en el caso de Siri. Si fue elegido, como aseguran muchos, volvió a cumplirse el pronóstico.

En el Cónclave que comenzará en unos días, los favoritos son multitud. O sea que saldrá… cualquiera sabe.

Aunque algo, mucho y fundamental, ¡vaya si se sabe!

Una cosa es segura, siempre según nuestro experto, que aquí servidora no ha puesto una sola coma de su cosecha: el próximo Papa será elegido en función sobre todo, de una necesidad: la Iglesia está en horas muy bajas, al borde de la ruina, al parecer. La prioridad, ahora, es llenar las arcas, pues sin dineros, los otros dos objetivos, espiritual y obras diversas, se tornarían prácticamente imposibles.

El nuevo Papa, se llame como se llame, será aquel que consideren los Cardenales el más apto para plegarse a los amos del dinero, cediendo lo menos posible, pero sin crearles el menor quebradero de cabeza.

O sea, que se vaya preparando; va a ser acusado de pastelear, de traicionar, incluso, los mismísimos fundamentos de la fe. No lo hará. En absoluto. Muchas veces en la cuerda floja, cederá en lo accesorio, en las palabras y gestos, sobre todo.

Ciertamente, mucho será lo que tenga que tragar. Y  tragará, nadie lo dude, pero sin traspasar jamás ciertos límites.

Así pues, lo que va a discutirse en el próximo Cónclave, es qué Cardenal va a ser lo suficientemente flexible ¡sin romperse! para simular plegarse a los siniestros amos del mundo, siempre, ye esto va a ser lo más difícil, guardando la viña.

O sea, un verdadero equilibrista.

Lo que supone que van a lloverle bofetadas desde los cuatro puntos cardinales. Y porque no hay cinco.

Pues eso

Elena Sánchez

Más en Columnistas

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

CONTRIBUYE

Mobile Version Powered by