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La ruleta rusa es
el juego más peligroso
pues de los dos contendientes
uno termina en el hoyo.
Se ha de cargar un revólver
no con seis balas de plomo:
cinco cápsulas vacías
y una de verdad, tan solo.
Por turnos, los adversarios
de duelo tan espantoso
disparan sobre su sien
temblando, cierran los ojos
y al que le toque la bala
pueden rezarle un responso.
Parece que hemos copiado
un deporte tan odioso
pues que, para practicarlo
es preciso estar bien loco.
Y así nos va, que morimos
cada amanecer, un poco,
pues nos la estamos jugando
del mismo y terrible modo:
contra nosotros disparan
traiciones, bulos y lodo,
¡Ahora, con un revólver
que está cargado del todo!
La media España difunta
a la que han comido el coco,
aplaude cada disparo
creyendo que le da a otro.
La otra media, que se entera
del insistente destrozo,
atada de pies y manos
sigue pidiendo socorro
y recibe por repuesta
un silencio estruendoso.
Si es presente es una ruina,
atrapado en una moto
que, cuesta abajo y sin frenos,
va hacia el abismo más hondo,
del futuro no hay noticias
pues la mafia que hay a bordo
lo está friendo a balazos
en el juego más tramposo:
nada más ellos disparan
sin turno para nosotros.
Y todavía hay quien grita
¡cuidado, que viene del lobo!
Son ganas de no enterarse;
¿para qué querrán los ojos?
Siento haberles ofrecido
esta horripilante foto;
peor sería engañarnos
¡de eso, ya se encargan otros!
Luis XIII… y medio
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