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Sátrapa de la Moncloa, Dictador, psicópata narcisista, corrupto o traidor, constituyen, entre otros, la variedad de improperios arrojados a un insolvente mental que nunca trabajó en nada, pero que medró en el arquetipo de los partidos de masas, el Partido Socialista, llegando a Presidente del Gobierno en 2018 (después de haber sido defenestrado por los suyos tres años antes), tras una moción de censura presentada aprovechando el escándalo de corrupción de la Trama Gürtel, que salpicaba ene se momento de lleno al Partido Popular, y la cual emuló en sus modos y maneras, lo más ‘granado’ de la etapa Felipista.
Pongamos en situación histórica al lector, para que recuerde o entienda, los acontecimientos que llevaron a la Moncloa a Pedro Sánchez. La sentencia de Audiencia Nacional el 17 de mayo de 2018, recogía lo siguiente sobre la Gürtel, traducción al alemán de Correa:
- “entre el Grupo CORREA y el Partido Popular se tejió, pues, una estructura de colaboración estable”; “se creó en paralelo un auténtico y eficaz sistema de corrupción institucional…” y que; “también otras cantidades sirvieron para directamente pagar gastos electorales o similares del Partido Popular, o fueron a parar como donaciones finalistas a la llamada “Caja B” del partido, consistente en una estructura financiera y contable paralela a la oficial, existente al menos desde el año 1989, cuyas partidas se anotaban informalmente, en ocasiones en simples hojas manuscritas como las correspondientes al acusado BÁRCENAS, en las que se hacían constar ingresos y gastos del partido o en otros casos cantidades entregadas a personas miembros relevantes del partido, si bien estos últimos aspectos que se describen lo son únicamente para precisar el contexto en el que se imbrican los hechos objeto de este enjuiciamiento, pero quedando fuera de su ámbito de conocimiento”.
La sentencia de la Audiencia Nacional condenó a penas de prisión a 29 de los condenados, llegando éstas hasta los 51 años para algunos de ellos. Posteriormente, la Sala II del Tribunal Supremo, dictó la sentencia en relación con la denominada primera época del ‘Caso Gürtel’, que abarca el periodo 1999-2005, en la que confirmó en líneas generales la dictada por la Audiencia Nacional con ligeros ajustes en las penas y multas derivadas de la estimación parcial de los recursos de la Fiscalía, de 19 acusados y del Partido Popular. En dicha sentencia de 1.843 folios, dictada por unanimidad, el TS confirmó la comisión en esta causa de delitos de: cohecho (activo y pasivo), falsedad en documento mercantil, malversación de caudales públicos, prevaricación, asociación ilícita, fraude a la administración pública, blanqueo de capitales, delitos contra la hacienda pública, tráfico de influencias, apropiación indebida, o exacciones ilegales.
Y así, la Sentencia del TS resume el relato de hechos de la Audiencia Nacional y expone; que desde el llamado “Grupo CORREA” y personas del Partido Popular se tejió una estructura de colaboración estable, consistente en la prestación de múltiples y continuos servicios relativos a viajes, organización de eventos, congresos, etc., dentro de la normal actividad de dicho partido político, ya se trataran de actos electorales o de otro tipo.
Por otra parte, refiere el Alto Tribunal; se creó en paralelo un auténtico y eficaz sistema de corrupción, a través de mecanismos de manipulación de la contratación pública, autonómica y local, a través de su estrecha y continua relación con influyentes militantes de dicho partido, que tenían posibilidades de influir en los procedimientos de toma de decisión en la contratación pública de determinados entes y organismos públicos que dirigían o controlaban directamente o a través de terceras personas (Comunidades Autónomas y Municipios gobernados por el PP), lo que permitió que, bien las empresas de CORREA u otras empresas terceras elegidas por él, con el acuerdo y colaboración de aquellos cargos públicos, gozaran de un arbitrario trato de favor y tuvieran un dominio de hecho sobre la contratación pública llevada a cabo por las entidades públicas parasitadas, todo lo que complementariamente se encubría con fórmulas de derecho de aparente legalidad, pero que eludían en lo esencial la normatividad vigente sobre contratación pública.
Con este escenario, Pedro Sánchez ganó la moción de censura, con el apoyo de 180 diputados. Posteriormente, en 2020, ganó las elecciones con 167 votos a favor, 165 en contra y 18 abstenciones. Contó con el apoyo de su partido, Unidas Podemos, PNV, BNG, Nueva Canarias, Más País, Compromís y Teruel Existe. Gobierno Frankenstein le llamaron. Constitución del 78 digo yo.
Por la otra banda tenemos a Feijóo, Jefe del PP, un pusilánime sin formación, que promete un cambio de rumbo mediante un golpe de timón en la Nave de una Nación, inundada por el Estado. Rajoy y Aznar, confiesa, le llamaron para que se hiciera cargo del Partido, cuando, según dice, prácticamente había renunciado ya a la política. Un hombre que se jacta de haber votado a Felipe González en 1.982 y de volverlo hacer si se repitiera el momento, que ha desempeñado una política lingüística exactamente igual en Galicia que en Cataluña, que defiende los principios del Pacto Verde y la Agenda 2030, que defiende el estado de las autonomías, que defiende la Ley de violencia de género, que defiende la legitimidad y legalidad de los nacionalismos, que se abstuvo en la votación en el Congreso el 16 de febrero de 2023 sobre la Ley Trans, y que en el 90% de las votaciones en Europa las hace conjuntamente con el Partido Socialista. Este hombre no representa ninguna alternativa, representa la alternancia en el Poder del Estado.
Abascal, Jefe del Partido VOX, con permiso de Buxadé, acusa a Pedro Sánchez de “querer presidir un Gobierno ilegítimo», que ha «utilizado las instituciones para ganar las elecciones» y que estará integrado por «comunistas con vínculos con teocracias y narcodictaduras y que cuenta con el beneplácito de ETA”, y acto seguido defiende y conmemora la Constitución del 78, que es precisamente la que hace esto posible. Se deshizo de Macarena Olona después de vestirla de flamenca en Andalucía, y con la Ley de Hierro de las oligarquías, laminó exactamente igual a Espinosa de los Monteros (un buen parlamentario en un Parlamento como en Inglaterra) y a Rocío Monasterio. Vox, un partido dirigido por una oligarquía, pero todavía más pequeña que la del resto de grupos parlamentarios, donde si preguntan a cualquier ciudadano no sería capaz de nombrar a 4 de sus diputados, pretende dentro de este Estado de Partidos recuperar España.
La catarata de casos de corrupción del PSOE que estamos viviendo desde hace años, es la alternancia en la corrupción de este sistema, y que ahora, les toca usar a sus opositores para destituir al Caudillo actualmente en el poder, igual que él hizo antes con ellos. Alternancia y no alternativa, eso es lo único que hay en España, y así seguirá mientras se mantenga este régimen de oligarquías de partidos.
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