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Con frecuencia, cuando hemos de enfrentarnos a una importante decisión, resulta conveniente, primero, descartar lo que no debemos hacer; desbrozado de obstáculos, así, el camino, la tarea se simplifica, puesto que, eliminado lo no deseable, son menos las opciones a valorar. Y, además, ninguna de ellas presentaría, en principio, factores negativos para su aplicación.
Actualmente estamos sometidos a un Gobierno tenazmente empeñado en acabar con España; con lo poco que, en realidad, va quedando de ella, pues sus aliados, no menos decididos a destrozarnos, empujan lo suyo en esa perversa dirección.
Algunos ciudadanos, muy pocos en comparación con la casi totalidad, que debería estar presentando batalla, buscan desesperadamente una estrategia salvadora; en general, los Medios no vendidos, jamás pasan de denunciar, eso sí, contundentemente, tropelía tras tropelía; pero, hasta donde yo sé, ninguno ha propuesto la menor solución. Mal asunto.
De vez en cuando, tímidamente, asoman a las pantallas, a las páginas de Internet o a los programas de radio, leves insinuaciones de alguna posible reacción contra la tiranía.
La más propagada es una cierta confianza en los pocos Tribunales todavía no tomados por el enemigo. No parece que por ahí podamos llegar a ninguna parte. En primer lugar, La Justicia es lenta por lo que, aún en el improbable caso de que llegara a caer sobre algún peso pesado en la ignominia, primero, sería demasiado tarde, por lo que les daría tiempo a tomar las medidas oportunas para impedir que los daños fueran apreciables; sin olvidar que cuentan con pseudo-tribunales corruptos dispuestos, a buen precio, a prevaricar lo que haga falta.
Otro pretendido método es la posible ayuda de la Unión Europea. Les ha sobrado tiempo, de querer hacerlo, para desmontar el indecente tinglado contrario a normas, Leyes, decencia y sentido común que padecemos. De sobra sabe aquel vendido y traidor Organismo, quién es quién en cada Nación y qué fechorías no deja de perpetrar contra los suyos, que en todas partes cuecen habas. Por algún oscuro motivo, están encantados en favorecer todo aquello que signifique ruina y destrucción del otrora próspero Continente. Por ahí, tampoco.
Relacionado con lo anterior, todavía hay crédulos que confían en unas Elecciones que desalojen del Poder a Sánchez y sus mariachis; en el dudoso caso de que no volvieran a dar el pucherazo, ¿qué ganaríamos con la llegada de Núñez Feijóo a la Presidencia del Gobierno?
¿Acaso han olvidado los tristes precedentes de Aznar y Rajoy? Ambos traicionaron tanto a sus votantes como a sus promesas electorales. Dejaron intacto el aparato anti-socialista para, cuando volvieron los de siempre, se encontraron un Estado calentito y a punto de caramelo para seguir delinquiendo a sus anchas.
¡Por favor! ¿Es que no les abren los ojos la impresentable actitud de los gobiernos autonómicos en poder del PP?
¿Han derogado la Terrible Ley de memoria democrática? ¿Han acabado con la “okupación”? ¿Y con la Ley de Género? ¿Han combatido la invasión, algo a lo que, por Ley están obligados? ¿Han racionalizado las subvenciones?
Podría seguir y seguir, pero esperar algo del más abyecto cómplice de esta gentuza, ya son ganas de moverse en el vacío. Y de seguir colaborando con ese precipitarnos en él por parte de uno y otro Partido. Y sin paracaídas.
Acerca de las denuncias, buenas son, claro que sí; pero también ineficaces como lo demuestran sobradamente los sondeos, pertinaces a la hora de manifestar que Sánchez cuenta, y seguirá contando, con un enorme número de adictos inasequibles al desaliento.
Por último, otro remedio muy difundido es el de pedir que salgamos a la calle a manifestarnos. Pues tampoco.
Algo se consigue así, pues supuesto; pero, en mi opinión, el efecto negativo es mucho mayor. Creo que cuánto más se grite, más agua se llevará al molino de Sánchez. Me parece evidente que este pájaro necesita movilizar a los suyos, en buena parte alicaídos por lo que no tienen más remedio que ver y escuchar a diario.
Para ello, busca desesperadamente, enfrentamiento, “ellos” contra “nosotros”, la maldita derecha que amenaza lo “mucho” que el “progresismo” ha conseguido (yo no lo veo por ninguna parte; los manipulados, seguro que tampoco, pero lo dice el Jefe y no hay más que hablar; y que pensar, lo que es mucho más grave).
Hacerles patente que el enemigo está ahí, desafiante y gritón, va a provocar, sin duda, la correspondiente reacción, en seguidores un tanto fríos; justamente lo que Sánchez está deseando; no es deseable que le demos ese gusto, desde luego que no.
A mi parecer, el único camino para salir del desastre, no se nos aparece por ninguna parte.
¿Tan difícil es detectar el mal? Pues parece que sí, ya que, hasta donde yo sé, nadie se ha tomado la molestia de tratar de identificarlo.
Si no sabemos dónde nos duele, mal podremos dar con la medicina que pueda curarnos.
Yo tengo mi opinión al respecto; pero, como nadie iba a prestarme la menor atención, prefiero no hacer el ridículo.
Me quedo en, una vez, más, mi desesperado ruego a todos los Medios no vendidos. ¿Habrá alguno que se decida a arriesgar vida y hacienda plantando cara, decididamente, al enemigo?
Mucho me temo que no caiga esa breva.
Así que, a la hora de repartir culpas, sumemos a los que hacen el mal, los que no mueven un dedo por combatirlos.
Yo los comprendo, desde luego que sí.
Lo que no impide que me den un poquito de pena.
Sólo un poquito, que tampoco estamos para derroches.
Pues eso
Elena Sánchez
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