Dorian Gray vendió su alma al Diablo a cambio de permanecer siempre joven lo que le permitiría vivir plenamente una vida de hedonismo y placer. Pidió al Diablo que el paso de los años y las consecuencias de sus actos se vieran reflejados en el cuadro qué de él, su amigo Basil Hallward acababa de pintar.
Hoy y desde que el libro fue publicado en 1891, el personaje de Dorian Gray se ha extendido en occidente como el paradigma de la vanidad y de deseo de poder.
Pedro Sánchez está inflado de vanidad como un odre y codicioso de poder como un reyezuelo autocrático. ¿Y cómo es posible que nosotros los ciudadanos permitimos que se mantenga en el poder? Amando de Miguel, en mayo de 2020, lo explicó nítidamente: “El gobierno se mantiene gracias a un rasgo secular del pueblo español, desplegado bajo todo tipo de regímenes: una sumisión entre despegada y ovejuna”
El deterioro físico de Pedro Sánchez es a todas luces evidente y las evidencias no hay que demostrarlas.
Mis amigos médicos, que los tengo en todas las especialidades, me dicen que lo que muestra su deterioro físico es la somatización de sus preocupaciones, de su estrés y de su miedo. Un miedo a algo que desconocemos y que puede ser una niñería o un asunto muy turbio, pero ¿hay algo más turbio aún que lo que hasta ahora sabemos de sus andanzas? Sea lo que sea y de lo que provenga, la imagen de Sánchez es una imagen que refleja todos los avatares que vienen viviendo derivados de sus tropelías políticas y que, como en el cuadro de Dorian Gray, quedan marcados profundamente en su físico, sobre todo en su rostro. Su cara dice a las claras lo que sus performances, diseñadas por sus consejeros y expuestas por sus medios afines para dar juventud, brillantez y energía a Pedro, envolviéndolo en un halo de oricalcos, haciéndonoslo ver como un santo de peana y hornacina, ya no pueden tapar: un deterioro a todas luces imposible de ocultar por mucho que le alicaten de maquillaje hasta el techo. Al igual que a Dorian Gray, una cosa es la imagen exterior y otra la que se va pudriendo en el lienzo del retrato, con la diferencia de que, en Pedro Sánchez, el lienzo en el que se va carcomiendo su imagen, es él mismo.
Dios me libre a mí de pensar que Pedro Sánchez ha vendido su alma al Diablo, pero creo que hay suficientes indicios para afirmar que algo le ha vendido al Diablo por vanidad, egolatría y ansias infinitas de poder. Al igual que Dorian, Pedro quiere trascender, pasar a la historia…y lo está consiguiendo.
No sé cómo será el paso de Sánchez por la historia de España, porque, amigos míos, los españoles somos de ADN sumiso y ovejuno y mientras podamos terracear y ver series, lo demás no nos importa. Pero si se puede afirmar sin temor a equivocarse, como va a aparecer en las páginas de la historia de la Europa moderna y del mundo actual según se desprende de los avisos, advertencias y sanciones de Europa y de la imagen que de él tienen en el mundo, al menos en el mundo occidental; no hay más que ver y leer a los medios internacionales sobre su dictatocracia, de la que ya a nadie engaña salvo a quienes viven de él y se rompen las manos como si de aletas de foca se trataran aplaudiendo cualquier nube de polvo que Pedro venda. Si, Pedro pasará a la historia como tantos otros han pasado: creyendo que estaban tocados con el dedo de los dioses, cuando en realidad estaban tocados con el dedo del Diablo.
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