Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Manuel del Rosal García: «‘Creo que el Diablo no existe, pero el hombre lo ha creado, lo ha creado a su imagen y semejanza’. Fiódor Dostoyevski»

Manuel del Rosal García 29 Ago 2025 - 09:14 CET
Archivado en:

Desde que la dictadura dejó paso a la democracia, en España ha aumentado exponencialmente el número de diablos y ha aumentado en todos los estratos sociales, sobre todo en la política. Conforme ha ido avanzando el tiempo democrático, los diablos han ido ocupando los puestos más relevantes de nuestras leyes, de nuestra política, de nuestros medios de comunicación; de la sociedad en general. Lo que pasa es que no son los mismos los diablos que se mueven en la sociedad del común de los ciudadanos – pobres y perdularios diablos – que los que, vistiendo de Armani ellos y de Dior ellas – no olvidemos que al igual que hay diablos, hay diablesas – Y recordemos que las diablesas tienen una ventaja al practicar sus diabólicas tretas (su belleza y sus encantos). La proliferación de diablos en España ha alcanzado su punto máximo en este año de 2025 y lo ha hecho tras años de acumulación de diablos puteros, diablos ladrones, diablos intelectuales al servicio del poder, diablos disfrazados de periodistas, diablos sindicalistas y un largo etc. Al frente de todos ellos está el diablo mayor que posee juntas las virtudes – si se puede llamar virtudes – características de los grandes diablos: encanto personal, falta de escrúpulos, mentiroso de manual, narcisista, soberbio y egolátra. Es por eso por lo que es el muñidor de todas las discordias que nos enfrentan y separan y de cuyo enfrentamiento y separación él saca pingues beneficios haciéndonos creer que las discordias son buenas para la concordia. Y nosotros, ciudadanos angélicos, inocentes como monjas ursulinas, caemos en sus garras diabólicas.

Si me preguntan en qué lugar de España se concentran el mayor número de diablos y diablesas por metro cuadrado, les contestaré sin el más mínimo atisbo de duda: el Congreso de los Diputados.

Yo afirmo que estamos equivocados creyendo que el infierno está repleto de diablos, cuando está vacío porque los diablos están en este mundo en general y en España en particular, acompañándonos sin despegarse de nosotros un ápice y con sus redes de pesca siempre a punto para pescar nuestras almas y nuestras voluntades al menor desliz nuestro, No debemos olvidar que, según Dostoyevski, para que haya un diablo necesitamos un ser humano. Y así se cumple el axioma: “El Diablo nunca descansa, si no está pescando, está arreglando sus redes”

Para aceptar que el hombre ha creado al Diablo, basta con enumerar las taras morales con las que estamos adornados los seres humanos. Los site pecados capitales solo enumeran siete de las muchas taras morales con las que nacemos. Sin embargo, el Diablo es un personaje que está en todas las culturas y civilizaciones con distintos nombres. Nos lo han descrito como alguien que nos atrae por el magnetismo que emana, por su encanto y porque siempre está dispuesto a darnos placer…pero no gratis. No debemos olvidar que es él quien nos tienta y nos recuerda las tentaciones. Para ello emplea sus dotes extraordinarias de seductor con las que esconde su malignidad y su soberbia. Primero seduce, después pervierte.

Ustedes dirán que estoy retratando a cualquier ser humano, hombre o mujer. Pues sí, desgraciadamente para la humanidad tenemos entre nosotros muchos diablos sin cuernos y sin rabo. Algunos de entre estos, portadores de una belleza poco corriente tras la cual esconden su malicia y malignidad que, naturalmente van acompañadas de su proverbial soberbia.

Precisamente fue su soberbia lo que hizo que Dios lo desterrara. Fue el momento en que juró vengarse de Dios y de los hombres. Para ello utilizó su enorme inteligencia y se dijo: No puedo vencer a Dios ni atacar a los hombres, pero si puedo corromper al hombre su máxima creación. Así forzaré a Dios para que castigue a los humanos alcanzando una doble venganza. Y el diablo introdujo en la mente y en el corazón de los humanos todas las taras morales que acarreamos desde que, estúpidamente y embelesados por el encanto del Diablo en forma de serpiente, caímos en el pecado original.

Si atendemos a la creencia de Dostoyevski, somos nosotros los seres humanos los que hemos creado al Diablo, haciéndolo a nuestra imagen y semejanza; no nos extrañe, por tanto, que seamos diablos y estemos revestidos de sus maldades. Es una creación nuestra, está en nuestro corazón, donde permanece dormido hasta que nosotros mismos lo despertamos.

En el supuesto de que el Diablo haya estado a nuestro lado desde la Creación, debemos no olvidar que siempre está al acecho en cada remoto lugar por muy sombrío y tétrico que sea, pero también en los lugares más bellos, placenteros y acogedores. Y si no está él está ese hombre o mujer miserable que, por codicia, poder, ambición o simplemente por su maldad implícita, presta sus oídos al fétido aliento de sus palabras.

Termino recordando que la lucha secular entre el Diablo y Dios se desarrolla en el campo de batalla del corazón del hombre y que es ese corazón el que tomará la decisión sobre quien será el vencedor… de momento vence el Diablo.

Más en Columnistas

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

CONTRIBUYE

Mobile Version Powered by