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La conciencia tal y como se entiende vulgarmente, es aquello que nos permite diferenciar entre el bien y el mal, pero lo cierto es que esa función que nos puede parecer muy espiritual, de espiritual no tiene nada. Es una simple reacción neuronal del cerebro humano, y como tal, sujeta a todo tipo de errores y barbarismos morales. Me explicaré.
El cerebro humano es como un ordenador personal que en base a los datos que se le introduce, da respuestas, o bien nos indica cómo debemos de actuar en cada ocasión. Y si el sujeto, amén de ser poco aficionado a la lectura, se nutre intelectualmente de las televisiones públicas y subvencionadas, su conciencia no será más que la proyección del corrupto relato que establezca, a su conveniencia, ´el líder supremo´.
Entre esos datos figura qué es lo que está bien y qué lo que está mal. Pero esos datos que ´ teóricamente´ nos permiten discernir el bien del mal, no tienen un origen divino o sobrenatural, sino que han sido grabados en el disco duro de nuestro cerebro desde nuestra más tierna infancia, en base a unos parámetros culturales, religiosos, o sociales, sujetos a modas y que, por temporales y cambiantes, son tan inestables como poco fiables. En definitiva, nada que ver con el Derecho Natural. Pongamos un ejemplo:
En la cultura de determinados pueblos y etnias, la práctica del canibalismo ha sido considerada, y aún lo es en ciertos países del cuarto mundo, como algo bueno, saludable y normal, por lo que el hecho de matar y comerse a otro ser humano, no acarreaba, ni acarrea, al antropófago el mínimo cargo de conciencia; como mucho, acidez de estómago, o algún eructo con tropezones.
Así pues, el ´actuar en conciencia´, no deja de ser un brindis al Sol que no justifica, ni legitima moralmente, nada de nada.
El obrar en conciencia, o el tener la conciencia limpia, dentro de la sociedad en la que hemos sido criados y educados, nos librará de tener problemas con la Justicia de los hombres, pero no con la justicia divina, o kármica.
Así pues, no intentes guiarte a la hora de distinguir entre el Bien y el Mal por lo que te dicte tu conciencia, porque seguramente te equivocarás; simplemente aplica en cada ocasión la cristiana ´regla de oro´: “LO QUE NO QUIERAS PARA TI, NO LO QUIERAS PARA LOS DEMÁS” .
Si esta sencilla norma la hubiesen aplicado los puritanos terratenientes estadounidenses, en lugar de actuar con arreglo a lo que les dictaba la conciencia, mediatizada por lo que, en aquella época, se consideraba como ´políticamente correcto´, la esclavitud jamás hubiese tenido cabida, ni allí, ni en ningún territorio presuntamente cristiano.
En este orden de cosas, en un tema tan controvertido como es el del aborto, también vale el: ´LO QUE NO QUIERAS PARA TI, NO LO QUIERAS PARA LOS DEMÁS´. Pero al hacerlo, no te pongas en el lugar de la madre, o del padre del nuevo ser que ya ha comenzado a vivir. Ponte en el lugar del embrión; porque tú, aunque no lo recuerdes, también fuiste un embrión; un embrión único e irrepetible: Tú.
Entonces y solo entonces, decide si te gustaría no haber llegado a nacer y que tus restos hubiesen terminado en un cubo para desechos orgánicos. En un vulgar cubo de basura, una vez desprendido éste de su epígrafe ´woke´.
Hay sin embargo otra conciencia que pertenece al mundo espiritual, pero que por permanecer castrada y muda ante el parlanchín cerebro y su conciencia ´ prêt-à-porter´ , el único medio que tiene para protestar es mediante ese mal sabor de boca y malestar anímico con nosotros mismos, que a veces tenemos sin razón aparente que lo justifique: ´ He obrado con arreglo a mi conciencia, y sin embargo me siento mal conmigo mismo´ .
El bien y el mal son entes objetivos y ciertos, no pudiendo estar sujetos, como de hecho lo están, a modas temporales.
Para poder conectar con la ´conciencia del alma´ , es necesario tener domesticada la ´conciencia de la mente´ , tras apearla del pedestal sobre el que inmerecidamente se erige.
Para poder conectar con la conciencia del alma, es necesario poder entrar ´a voluntad´ en lo que se llama ´estado alterado de la consciencia´; una técnica complicada que no está al alcance de todo el mundo, pero que con perseverancia y la ayuda de Dios, se puede conseguir, y en ese momento es cuando debemos de resetear nuestra conciencia mental de todos los parámetros basura que, con los años, han ido volcando en ella.
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