José Manuel Albares, ministro de Exteriores —alias el «pequeño Napoleonchu» ,por su baja talla política y diplomática— ha vuelto hoy a retratarse en antena. En su entrevista con Carlos Alsina, soltó una frase de manual para enmarcar la mediocridad: “Algún día el catalán será lengua oficial en Bruselas, sino sería una discriminación hacia España”.
He aquí la enésima gilipollez (permítaseme la expresión) de un ministro que confunde «el culo con las temporas»(como diría D. Camilo José Cela) y la diplomacia con el clientelismo separatista. La Unión Europea reconoce 24 idiomas oficiales, todos ellos vinculados a Estados miembros, no a regiones con delirios de nación. En el caso de España, el único reconocido es el español, lengua común, internacional y con proyección mundial. Pretender que haya “discriminación” porque no se incluya el catalán es tergiversar la realidad: lo que sí sería un gran disparate es que el contribuyente español pague millones para inflar el «ego separatista», mientras el castellano –con 500 millones de hablantes– es ya una de las lenguas más habladas e influyentes del planeta.
Lo grotesco es que Albares– que jamás ha defendido con la misma pasión el peso del español en el mundo– para él, lo urgente no sea reforzar el idioma común en Bruselas, sino contentar a Puigdemont, Junts y ERC. Para eso, no duda en arrodillarse en Europa, se endeuda con millones en traductores y convierte a España en una caricatura lingüística.
Y no hablamos de un «lapsus linguae», hablamos de la línea constante de un ministro que ha acumulado garrafales desastres diplomáticos — uno tras otro– en tiempo récord.
Julio 2021 – Llegada a Exteriores: sustituye a González Laya tras el escándalo de Brahim Ghali. Su único mérito: obediencia ciega a Sánchez.
Marzo 2022 – El volantazo del Sáhara Occidental: rompe el consenso histórico español, se pliega a Marruecos y contradiciendo a la ONU, deja a los saharauis tirados y abandonados a su suerte.
Junio 2022 – Crisis con Argelia: Argelia suspende el tratado de amistad, congela relaciones y encarece el gas. España, muy debilitada en materia energetica y sin aliados en el Magreb.
Julio 2023 – La Presidencia española de la UE convertida en propaganda barata, sin logros ni influencia real.
2024 – La obsesión del catalán: Albares hace del idioma regional su obsesiva prioridad diplomática y mientras el español sigue marginado en Bruselas.
El balance de su gestión es demoledor: España pierde peso internacional, se enemista con Argelia, depende cada vez más de Marruecos y queda reducida a un mero convidado de piedra en Europa. La voz de España en el mundo ha sido empequeñecida hasta la irrelevancia por este ministro sumiso y servil, cuyo único objetivo es cumplir al dictado de Sánchez y contentar a sus socios independentistas.
Albares es pequeño en todo: en visión, en coraje y en resultados. Habla de pluralidad, de diversidad y de discriminación, pero lo único que logra es discriminar al español, debilitar a España y ridiculizar a nuestra diplomacia. Con él, cada entrevista es una vergüenza nacional, cada declaración un insulto a la inteligencia y cada decisión un paso más hacia la irrelevancia.
El pequeño «Napoleonchu» soñará con lenguas oficiales y frases altisonantes, pero la realidad es otra: España ha perdido voz, prestigio y dignidad bajo su batuta. Y lo que es peor, ha convertido la política exterior en un mercadillo de favores al separatismo golpista.
Pequeño en Exteriores, pequeño en visión, pequeño en todo…ese es nuestro ministro Albares, el «pequeño Napoleonchu», para mayor gloria del «puto amo» Sánchez.
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