Hace unos días, y en una de mis escasas salidas de la madriguera, quedé para comer con unos buenos amigos, en un restaurante pizzería bueno, bonito y barato, en el casco antiguo de Zaragoza.
Me sorprendió, al entrar en el establecimiento, en el que no había estado nunca, ver a un niño con una mesita pequeña, llena de pósters de futbolistas, como reclamo publicitario, y no pude menos que preguntarle…
Me dijo que se llamaba Javier, que tenía 8 años, y que vendía periódicos y cromos, que tenía guardados debajo de la mesa, a un euro por unidad, pues iba a hacer la Primera Comunión, y quería ganar dinero para tal evento.
Como comprarle cromos me parecía una crueldad por mi parte, pues hubiera sido privarle de un bien muy preciado para él, y yo ya voy camino de la tercera edad, opté por regalarle un euro, sin pedirle nada a cambio.
Pero el camarero, que me dijo era tío suyo, comentó que Javier lo que quería era “hacer negocio”, y opté por pedirle un periódico, cualquiera, de los que atesoraba debajo de la mesita, y que supuse serían diarios antiguos, comprados por el restaurante para sus clientes, como así fue.
Javier atendió mi pedido, con toda diligencia, propio de un hombre de negocios, y más contento que unas pascuas.
Comentó que sus padres trabajaban en la cocina del restaurante, y que, mientras tanto, como no tenía colegio todavía, conseguía dinero para su Primera Comunión, de la que me habló, muy ilusionado.
¿Quién no recuerda con emoción su Primera Comunión…?
En Laguarres comulgamos tres, Carmen de los maestros, al ser hija de ellos, Jorge y yo mismo.
Presidió nuestro desfile procesional, pues debió ser en Semana Santa, o alguna festividad religiosa importante, por las calles del pueblo, con Jorge en el medio, vestido de Capitán General, y más chulo que un ocho, y Carmen y yo a los lados, ella de monja y yo de fraile.
Recuerdo la comida, en casa, y la enorme emoción que sentí al cortar un brazo de gitano, casero, hecho con amor y cariño por mi madre, María, que en el Cielo está, y descubrir dentro mi primer reloj de pulsera, regalo del tío Ramiro, a quien debo el nombre.
¡Qué emociones y que recuerdos!
Celebraré mucho que Javier tenga la Primera Comunión que merece, y no dudo que acabará siendo un hombre de negocios, pues tiene madera…
Y aprovecho para recomendar el local, restaurante “El Mirador”, en el caso histórico de Zaragoza, donde se come bien, limpio y barato.
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