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Esos eran los valores culturales y morales

Tal vez los tiempos ya estén cambiando

Donde se forjaron las clases dirigentes que hoy nos ordeñan

Antonio Gil-Terrón Puchades 20 Sep 2025 - 06:43 CET
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Hasta la llegada del Gran Hermano Sánchez, lo que, en la España de nuestros abuelos, era considerado la peor ofensa al honor de un hombre, se había convertido en un piropo: ¡¡Qué hijo puta eres!! Y ello como muestra del grado de ´bordería´ que, el susodicho ´hijo de puta´, había alcanzado, Porque, hasta hace un lustro, el ser borde y malo, ´molaba y era guay´. Era tendencia.

Eran las mismas palabras que, dichas hace años, en la tierra de Don Quijote, podían acabar en un baño de sangre, que siempre fue el mejor detergente, para lavar el honor. Claro, cuando el honor existía.

Hasta la llegada del Gran Hermano Sánchez, lo que privaba era la cultura del antihéroe, del delincuente, del truhán, del rufián y el buscavidas. Era la cultura que se idealizaba como el modelo ´políticamente correcto´, mientras que la honradez, la honestidad, y el respeto por la palabra dada, se ridiculizaba y era objeto de mofa.

Se enaltecía la figura del delincuente de medio pelo, al tiempo que se degradaba la figura del que denunciaba, tildándolo de ´chivato´, o, peor aún, se le acusaba de hacer ´discurso de odio´, contra el malo de turno. El mundo al revés.

Los malos eran fuente de inspiración para los creadores de moda. Por ejemplo, la de ir enseñando los calzoncillos, siguiendo el estilo nacido en las prisiones de Estados Unidos, donde los presos son privados del uso del cinturón, para evitar que se autolesionen. Y ello por no hablar de la moda gótica, donde se emulaba, en modo hortera, la parafernalia vampírica y satánica.

Una España donde el honor y la caballerosidad ya no cabían, y el chaval responsable y estudioso, era llamado, despectivamente, ´empollón´ y ´friki´, mientras que, el más vago y abusón, era el líder del grupo de estudiantes. Ser ´malote´, era ´guay´.

Esos eran los valores culturales y morales, donde se forjaron las clases dirigentes que hoy nos ordeñan. Y claro, aquellos polvos trajeron estos lodos, hasta convertir España en un pestilente lodazal.

Pero algo está cambiando, especialmente en la juventud española. No hay el menor atisbo de admiración, cariño ni empatía, cuando el pueblo hoy canta ¡PSHDP!

Por algo se empieza. Tal vez sea este nuevo himno, un canto a la esperanza. Un regreso a los valores de antaño; a aquellos tiempos lejanos en que, a los ´malotes´, a los HDLGP, no solo no se les admiraba, sino que se les combatía…

Tal vez, los tiempos ya estén cambiando.

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