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En España, las ventas de automóviles de lujo y deportivos experimentaron un fuerte aumento en el primer trimestre de 2024, marcando el mejor inicio de año desde la pandemia, con 2.571 matriculaciones. Marcas como Porsche, Mercedes-AMG, Bentley y Rolls-Royce registraron récords,
Algo hiriente y éticamente insultante, máxime si pensamos que en tiempos de carestía y miseria, lo que debería primar es la venta de vehículos económicos, y no al revés.
Y es que resulta que la clase media está desapareciendo a la carrera, en una sociedad en la que cada vez los ricos son más ricos, y los pobres, más pobres.
El disparate que está aconteciendo en el sector del automóvil, desmiente con hechos reales, el tópico que afirma que la actual crisis económica está afectando a todos por igual.
Porque lo bien cierto es que, en los últimos años, desde la llegada de la banda del Peugeot, hay actividades en España que han crecido vertiginosamente como setas, al calor del drama económico y humano que se vive en muchos hogares españoles.
Negocios legales tales como la compraventa de oro y joyas; casas de empeño; crédito fácil y rápido a tipos de interés que roza la usura; o subasteros profesionales. Negocios todos ellos que han crecido en los últimos años de una manera exponencial, pero que poco tienen que ver con la economía productiva, ya que el valor añadido que aportan estos negocios, brilla por su ausencia, por mucho que facturen el IVA.
Y ello por no hablar de aquellos otros negocios que no por ilegales, dejan de ser reales. Negocios redondos como los derivados de la corrupción y el tráfico de influencias; la ´okupación´ organizada; el crimen organizado; la prostitución masculina y femenina; las mafias de la inmigración ilegal; o la compraventa de órganos humanos, de donantes forzados.
Ahora me explico yo el incremento en la venta de vehículos de alto standing, cuando muchos españoles se ven obligados a utilizar, cada vez más, el coche de san Fernando: “unos ratitos a pie, y otros andando”, para acudir diariamente con sus familias, a hacer cola a la puerta de los comedores sociales, que no socialistas, de la beneficencia.
Siento náuseas.
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