Muchos recordarán que VOX nació hace más de una década como un proyecto político concebido por Alejo Vidal-Quadras e Ignacio Camuñas, con un manifiesto fundacional que ponía el acento en la necesidad de recentralizar competencias, desmontar el Estado de las Autonomías, acabar con duplicidades administrativas y asegurar que todos los españoles fueran iguales en derechos y obligaciones, independientemente del lugar donde nacieran o residieran. La propuesta era clara, directa y orientada a defender valores irrenunciables para cualquier persona decente: la unidad de España, la libertad, la familia y la propiedad.
Sin embargo, Santiago Abascal y su círculo de amigos y allegados secuestraron y se apropiaron de VOX, al mismo tiempo que lo vaciaban de sus objetivos iniciales. Lo convirtieron en una agrupación donde se practica el «centralismo democrático» —término que, curiosamente, los comunistas usan para justificar la opacidad—, donde la participación en la toma de decisiones es nula y la gestión económica permanece absolutamente opaca. Lo que empezó siendo un partido con aspiraciones de regeneración y defensa de España, quedó reducido a un instrumento para satisfacer ambiciones personales, medrar políticamente y consolidar el poder de unos pocos.
Muchos españoles decentes han denunciado que la traición al manifiesto fundacional se ha consumado de manera sistemática: la agrupación se ha desviado de su misión original de defender la unidad nacional y la igualdad de derechos, adoptando políticas de oportunismo electoral, gestos simbólicos y promesas vacías, mientras los problemas estructurales del país permanecen intactos. Los oligarcas de VOX, al igual que los del PP, muestran timidez, ambigüedad y complicidad ante los atropellos de la coalición social-comunista que gobierna España, con el apoyo de separatistas y etarras.
La situación política actual de la derecha española es crítica. Desde la destitución de Pablo Casado y la llegada de Alberto Núñez Feijóo al liderazgo del PP, se promovió una campaña publicitaria masiva para presentarlo como el salvador capaz de desalojar a Pedro Sánchez del Palacio de la Moncloa. Muchos españoles se ilusionaron, creyendo que España podría recuperar un rumbo sensato y que, incluso, una coalición con VOX garantizaría la defensa de los compromisos con los electores. Sin embargo, pronto quedó claro que ni Feijóo ni los líderes de VOX poseen un programa concreto de gobierno: su acción se limita a promesas genéricas, brindis al sol y declaraciones retóricas. Como dice el refranero, “el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”.
En paralelo, la historia reciente demuestra que el voto al PP como mal menor ha resultado inútil: durante los años de Mariano Rajoy, se incumplieron promesas esenciales y se implementaron políticas socialdemócratas, feministas y proabortistas, mientras se abandonaban principios fundamentales del humanismo cristiano y la defensa de la libertad económica y la propiedad. El partido permitió que los separatistas entraran en las instituciones y mantuvo una actitud tibia ante el golpe de estado catalán.
Muchos ciudadanos han llegado a la conclusión de que votar al PP o a VOX en estas condiciones es colaborar con la continuidad del desastre. La derecha española sigue fragmentada, y su falta de liderazgo, desunión y disputas internas refuerzan la impunidad del gobierno social-comunista, incapaz de frenarse sin oposición organizada. La solución evidente es la refundación de la derecha, la creación de un bloque único que integre a todos los españoles decentes, capaz de liderar con experiencia, credibilidad y conocimientos de gestión real de recursos.
La metáfora de Berganza y los lobos, del Coloquio de los perros de Miguel de Cervantes, ilustra perfectamente la situación. Berganza, perro guardián del Hospital de la Resurrección de Valladolid, descubre que los verdaderos lobos no están fuera, sino dentro: son los pastores quienes matan a las ovejas que él protege. La lección es clara: cuando los miembros de un grupo, especialmente los poderosos, se reúnen para tomar decisiones, casi siempre priorizan sus propios intereses sobre los de la mayoría. La historia de Berganza nos recuerda que los líderes deben ser responsables, que la vigilancia es crucial y que la ingenuidad puede ser fatal para quienes confían en el sistema.
La comparación con la derecha española es evidente: PP y VOX, supuestos guardianes de los intereses de los españoles, han demostrado repetidamente que no defienden eficazmente a los ciudadanos decentes. Han aplaudido leyes de género destructivas, han tolerado la desprotección de la propiedad y de la familia, y han permanecido casi mudos ante la invasión de la frontera sur y la política migratoria del gobierno. La mayoría de sus dirigentes condenan en privado ciertas medidas absurdas o liberticidas —como los certificados de vacunación o el control social durante la pandemia— pero no organizan ni movilizan a los ciudadanos para impedir que se impongan.
Innumerables españoles están enfurecidos por la corrupción, el aumento del coste de la vida, la dependencia energética, y por la ausencia de liderazgo y proyectos concretos de la derecha. No obstante, las encuestas recientes muestran que PP y VOX podrían superar los 200 diputados, mientras el PSOE conserva un apoyo asombroso a pesar de su desastrosa gestión. Esta situación evidencia que la oposición no ha sido capaz de ofrecer un diagnóstico veraz y un programa alternativo que permita a los españoles comprender la gravedad de la crisis.
La conclusión es clara: sólo un bloque unido de derecha española, dirigido por personas capaces y responsables, puede revertir la situación, desalojar al gobierno social-comunista y establecer medidas concretas de recuperación política, económica y social. Si los líderes actuales de PP y VOX no son capaces de asumir esa responsabilidad, deberán apartarse y dejar paso a quienes puedan liderar con eficacia, para evitar que la frustración ciudadana sea canalizada hacia populismos vacíos y demagogias.
La lección final, tomando nuevamente a Cervantes, es que los lobos pueden estar dentro de la majada, y que confiar en guardianes ineficaces o interesados es condenar a la población a la indefensión. La historia, la política y la literatura convergen en un mismo punto: sin vigilancia, liderazgo responsable y unidad, la mayoría siempre será víctima de los intereses de unos pocos, y la verdadera defensa del país dependerá de quienes tengan valor, visión y capacidad de acción.
VOX y PP: la ambición y la tibieza han de dar paso a la refundación de una derecha capaz de gobernar y proteger a los españoles decentes, porque el tiempo de los oportunistas y los caciques ha terminado… y los lobos, si no se les hace frente, seguirán devorando a la majada.
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