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Carmelo Álvarez Fernández de Gamarra: «La batalla comienza en 2026: Una ley para el No Nacido»

Carmelo Álvarez Fernández de Gamarra (Enraizados) 07 Ene 2026 - 09:40 CET
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Hay debates que se alargan no por complejos, sino por cobardía. El aborto es uno de ellos. La izquierda proaborto -esa que se presenta como campeona de los “derechos” y la “compasión”- lleva décadas vendiendo como progreso lo que, en la práctica, ha terminado siendo una industria de eliminación del más débil: el ser humano en sus primeras semanas de vida.

Y no, no es una exageración retórica. Es una descripción del paisaje moral y jurídico que hemos normalizado a base de eufemismos: “interrupción”, “salud reproductiva”, “decisión”, “derecho”. Palabras bonitas para anestesiar conciencias y blindar un negocio. Porque cuando algo se convierte en rutina, cuando se organiza, se financia, se publicita y se protege políticamente, deja de ser “excepción dramática” y pasa a ser sistema.

Ese sistema tiene un punto ciego deliberado: el no nacido. No lo miran. No lo nombran. No lo reconocen. No vaya a ser que alguien se pregunte lo obvio: ¿qué (y quién) es el que muere? Y cuando esa pregunta asoma, entonces llegan las viejas maniobras: relativizar, difuminar, retrasar la línea, convertir la vida en una cuestión de calendario o de conveniencia.

Por eso es urgente, (no conveniente, urgente), promulgar una Ley Orgánica de Protección Integral del No Nacido que reconozca y garantice, de forma inequívoca, la tutela jurídica del ser humano desde el inicio, desde la concepción, desde la fecundación. La expresión puede gustar más o menos, pero el hecho es terco: si se empieza a existir, se empieza a merecer protección.

¿Qué debe hacer esa ley? Lo esencial, sin rodeos.

  1. Reconocer al concebido no nacido como sujeto de tutela jurídica reforzada desde la concepción (fecundación). No hablamos de poesía. Hablamos de Derecho. La ley debe declarar que la vida prenatal no es un “material biológico”, ni un apéndice, ni un objeto. Es un ser humano en desarrollo y, por tanto, merece protección real.
  2. Prohibir la eliminación deliberada del no nacido. Sin trampas semánticas. Sin atajos administrativos. Si la ley protege la vida, no puede al mismo tiempo autorizar su destrucción como “prestación”.
  3. Garantías clínicas estrictas para los supuestos límites. En medicina no se legisla con eslóganes, sino con prudencia y rigor. Debe contemplarse la actuación sanitaria proporcionada cuando exista un riesgo vital real e inminente para la madre y no haya alternativa. Con procedimientos claros: segunda opinión, comité clínico, documentación. Seguridad jurídica para el médico honesto. Y cero coartadas para el abuso.
  4. Blindaje contra la discriminación por sexo, discapacidad o enfermedad. Porque otra cara del aborto “moderno” es la selección: el que no encaja, el que estorba, el que viene con diagnóstico. Eso no es libertad. Eso es discriminación prenatal con bata blanca.
  5. Apoyo integral a la maternidad: el Estado no puede ser espectador. Aquí está la gran mentira de la izquierda: dicen defender a la mujer, pero la dejan sola. Ofrecen el aborto como “solución” y luego se van a aplaudirse a sí mismos. Una ley seria debe levantar una red real: ayudas, acompañamiento, protección laboral, alternativas, adopción y acogimiento perinatal, apoyo psicológico y social. Si no hay apoyo, hay chantaje: “o abortas o te hundes”.

Y ahora lo que a algunos les escocerá: no buscamos penalizar a la mujer.

Seamos claros para que nadie manipule: no se trata de convertir a la mujer en objetivo penal. La mujer embarazada, muchas veces, llega a esa decisión empujada por miedo, abandono, presión económica, presión familiar, presión de pareja, presión social o propaganda institucional. Eso hay que decirlo alto: la primera víctima del aborto también es la mujer cuando la empujan o la abandonan.

¿Dónde debe caer el peso de la responsabilidad? En quienes se lucran y en quienes coaccionan. En segunda o tercera instancia: redes, intermediarios, industria, centros que convierten la desesperación en facturación. Y en todos los que presionan “de una u otra manera”: amenazas, dependencia económica, manipulación emocional, engaño, chantaje. Si alguien empuja a una mujer al aborto, eso no es “libertad”: eso es violencia con traje moderno.

Y precisamente por eso, la ley debe incorporar mecanismos de control y verificación para que la “coacción” no se convierta en un coladero: protocolos de detección, constancia clínica, indicios corroborables, intervención del Ministerio Fiscal cuando proceda. Compasión sí. Ingenuidad, no.

Comisión multidisciplinar: porque esto se gana con rigor.

Esta ley no puede quedarse en una declaración solemne y ya está. Estamos promoviendo la creación de una comisión multidisciplinar (juristas, médicos, bioeticistas, sociólogos, expertos en políticas familiares, trabajadores sociales, estadísticos, representantes de la sociedad civil) para desarrollar el texto completo, cerrar fisuras y preparar el impacto sobre las leyes subsidiarias que habrá que tocar para que todo sea coherente.

Porque si de verdad proteges al no nacido, debes revisar:

Esto va de construir un marco legal serio, completo y defendible. Sin fisuras. Sin dobles lenguajes.

“Holocausto” y la anestesia cultural.

Hay palabras que incomodan porque despiertan. El aborto masivo, organizado y normalizado es una catástrofe humana de dimensiones históricas. Cada vida eliminada es un mundo que no llega a existir. Y lo más inquietante no es solo el número: es la frialdad con la que se tramita, se etiqueta, se financia y se defiende como “avance”.

Las organizaciones provida queremos acabar con esto radicalmente: desde la raíz. No con paños tibios. No con discursos para quedar bien. Con una ley justa, con apoyo real a la mujer y con un cambio cultural sostenido.

Cooperación ciudadana: esto no se gana solo en el BOE. Una ley puede abrir camino, pero una sociedad tiene que sostenerlo. Necesitamos la cooperación de la ciudadanía, de los profesionales sanitarios, de juristas, de educadores, de medios, de asociaciones, de familias. Necesitamos volver a decir sin complejo que la vida del débil no se negocia.

¿Habrá resistencia? Muchísima. La izquierda proaborto (alguna, disfrazada de derecha) se va a volver loca. Porque quienes han hecho del aborto un tótem ideológico no soportan que alguien les quite el monopolio moral. Pero lo decimos con calma, con firmeza y con convicción: vamos a lograrlo, a medio o largo plazo. No porque seamos más ruidosos, sino porque tenemos algo que al final siempre vence: la verdad de lo humano.

Y sí: vamos a ir contra los defensores de la muerte, pero en el terreno de la ley, de la razón y de la conciencia, sin bajar la mirada, sin pedir perdón por defender al que no tiene voz. Porque si el Derecho no protege al más indefenso, entonces no es Derecho: es poder. Y contra eso, precisamente, estamos. VAMOS A POR ELLO, SI RABIAN ES QUE TENEMOS LA RAZÓN. Y RABIARÁN.

Como decía Groucho Marx, ¡MÁS MADERA, ES LA GUERRA!

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