Más información
Si un buen día, que no tiene por qué ser malo, apareciese mi cuerpo sin vida en una iglesia, tendido a los pies de Cristo crucificado, que nadie utilice mi muerte para atacar la fe que desde niño he practicado, diciendo que de poco me ha servido todo lo que en esta vida he rezado, para al final terminar muerto, en el suelo tirado, bajo la misma cruz ante la que, con esperanza, tantas veces me había inclinado.
Que nadie interprete lo ocurrido, porque nadie más que Jesucristo, amén del Padre, sabrá qué es lo que, en mis oraciones, más de una vez he rogado, de rodillas, ante Cristo crucificado.
Como ayer, tampoco hoy, en el suelo aún no he acabado.
NOTA: Las cosas importantes hay que dejarlas por escrito, para no dejar nada a la libre interpretación de gente no siempre bien intencionada.
Porque de suceder un día, lo antes descrito, aparentemente podría tirar por el suelo, todo lo que públicamente, hasta la fecha, con tanta pasión defiendo y he defendido.
Más en Columnistas
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home