Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Proteger a la infancia es prioritario

Pedro Sánchez tiene razón

Hay que poner freno al desenfreno de las tecnológicas

Jorge del Corral y Díez del Corral 09 Feb 2026 - 06:36 CET
Archivado en:

Más información

Pedro Sánchez Pérez-Castejón tiene razón cuando anuncia que pretende regular el uso de las redes sociales a los menores de edad y poner freno al desenfreno de esas compañías tecnológicas para quienes las leyes no les afectan y les importa una higa.

En la presentación en la Fundación Tatiana de su último libro: “Sócrates en el aula”, José María Barrio Maestre, doctor en filosofía y profesor titular de la Universidad Complutense de Madrid, llamó “chisme” al Smartphone con el que se puede acceder a contenidos vitriólicos, y reconoció que ni lo tiene ni lo usa.

Aprovechándose de la ausencia de una normativa jurídica internacional, las grandes plataformas tecnológicas desbordan las leyes de las democracias, perjudicando con sus contenidos a los menores de edad. Es lógico y muy conveniente, pues, poner límites, como ha anunciado Sánchez, al acceso a esas pocilgas de los menores de 16 años, como ya ocurre en Francia y Australia. ¿Acaso no hay leyes democráticas que impiden la compra de alcohol y tabaco a menores de edad?, ¿El acceso a las salas de cine para ver películas no aptas y solo autorizadas a mayores de esa edad?, ¿La entrada a salas de juego, casinos, salas de fiesta y demás locales de ocio prohibidos a menores? Por qué no vamos a limitar el acceso a las corrosivas telas de araña a los menores de 16 años, cuando sabemos por estudios empíricos el daño irreversible que han causado a varias generaciones de jóvenes, abducidos por esos contenidos. Y naturalmente y por la misma razón, que a esa edad no se pueda abortar ni cambiar de sexo.

Como señala Luis Sánchez-Marlo en su artículo en la Nueva España: “Las grandes plataformas deben someterse a reglas claras, como cualquier otra industria con impacto sistémico, y la protección de menores frente a dinámicas adictivas o manipuladoras es una exigencia democrática. Pero la regulación eficaz exige rigor, acuerdo y coordinación europea”.

El Gobierno, con el apoyo de las Cortes generales, debe proponer a la UE, competente en la materia porque afecta al mercado interior, que se limite el acceso de los menores a las redes sociales, aunque corresponde a los padres controlar a sus hijos para que esos contenidos no deformen su desarrollo intelectual. A los progenitores atañe que se cumplan las disposiciones legales adoptadas sobre esa cuestión en la sede de la soberanía nacional. Unos padres que, en demasiados casos, demuestran su irresponsabilidad dejando su smartphone a bebes de pecho que llevan en el cochecito (hay que fijarse en la calle) para que se entretengan, no lloren y “no den la lata”, y regalando el “chisme” a niños de ocho años “porque sus amigos también lo tienen”.

La Dirección General de Tráfico (DGT) ha señalado en un reciente estudio que uno de cada cuatro peatones utiliza ese aparato “siempre o frecuentemente” al desplazarse y cruzar la calle, sin distinguir entre pasos de cebra con o sin semáforo. Los jóvenes son los que tienen más arraigado ese hábito: un 51%. “Mientras cruza la calzada, el transeúnte lo usa para hablar, enviar mensajes, escuchar música, navegar por redes sociales y jugar, lo que incrementa la distracción y el peligro”. Un 30% de los peatones camina con auriculares, aumentando su aislamiento y reduciendo su capacidad de reacción ante imprevistos, y lo hace pese a que ocho de cada diez reconocen que la conducta “no es apropiada”. Además -subraya el estudio de la DGT-, un 38% admite cruzar en rojo “con frecuencia” y un 44% lo hace fuera de los pasos habilitados.

Hay que mantener a Gutemberg, a las raíces comunes de la educación y la filosofía, a la enseñanza entendida como lo que siempre fue: el arte de enseñar a pensar; a la docencia de las Humanidades, a la comprensión lectora, a premiar el esfuerzo, el mérito y el talento, frente a la vulgaridad, la ignorancia, el aprobado general y el gratis total. Urge abandonar el rebaño, volver a ser ciudadano libre y dejar atrás a Rousseau y a su anti intelectualismo, desprecio al saber y totalitarismo.

JORGE DEL CORRAL Y DIEZ DEL CORRAL

Más en Columnistas

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

CONTRIBUYE

Mobile Version Powered by